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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 91

—Me retiraré temprano por esta noche — anuncia este.

Al marcharse, veo que ni se terminó el plato de comida. Tampoco es que alguien haga algo para que no se vaya. Luciano da los últimos bocados a su comida sin alterarse, ha estado distante y frío toda la cena.

—¿No fuiste muy duro con él? — pregunto bajamente.

Luciano me mira tan pero tan sacado de quicio que me asusta. Termina de tragar la comida que tenía en la boca y tira su servilleta en el plato. Después se para de la mesa.

—Leandro, tenemos que hablar, ya — exige retirándose del sitio.

Los que nos quedamos en la mesa, nos miramos a los rostros confundidos. Aunque, se nota que Leandro no es de crear conflictos y conoce a su primo, se levanta de la mesa.

—Volveré en unos minutos. Continúen con el postre. Sé que será tu favorito Marianne. Lo es para todos nuestros invitados, nuestro chef pastelero no es de este mundo — invita él con gentileza.

Le sonrío viéndolo marcharse tras de Luciano. Podría dejarme hipnotizar por la belleza que son los postres que nos están sirviendo. Una provocativa tarta que están bañando en chocolate caliente quienes nos sirven, es para abrirle el apetito de dulce a cualquiera. Sin embargo, estoy concentrada en los primos. Necesito saber de qué están hablando.

—¿Dónde queda el baño? Tengo que ir con urgencia — hablo al chico que me sirve.

Él me indica la dirección del baño, me disculpo y avanzo por los pasillos indicados. Estoy con los oídos bien abiertos para localizar a esos dos. Tengo suerte de hacerlo desde una habitación que está a poco de llegar a una salida con el jardín.

Los puedo localizar porque están elevando la voz, bastante. O bueno, Luciano es el que la está elevando.

—¡TE DIJE QUE LO QUIERO FUERA DE ESTA CASA! ¿HASTA CUANDO TENDRÉ QUE VERLE LA CARA?

—Tienes que calmarte Luciano. Las cosas no son así — menciona conciliador Leandro.

No me asomo a donde están por temor a que me vean. Luciano es particularmente bueno en detectar cuando le miran a escondidas. Mejor me quedo pegada a la pared, cerca de la puerta abierta.

—¿Y cómo son? Es un peso muerto del que hay que deshacernos. ¿O mágicamente Liam ha vuelto a ser útil en su puesto en la empresa? No produce ni un centavo desde hace años.

—¿Y qué pretendes tú? ¿Qué lo eché a la calle? Si lo envió lejos lo más probable es que amanezca muerto por el alcohol. Aquí tiene supervisión. Además, sus hermanos no quieren mandarlo lejos, ni a rehabilitación.

Luciano hace sonidos de desesperación.

—¿Por qué debería importarte lo que digan Lemuel o Leah? ¡ERES EL PUTO DUEÑO DE ESTA CASA! ¡NO TE PUEDEN DECIR QUÉ HACER!

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