Mi garganta duele y mi corazón late sin freno gracias al susto que me ha pegado Luciano.
—¿¡Me quieres matar de un infarto!? — cuestiono fuera de mí.
Él me mira extrañado y rompe contacto conmigo.
—Si te mueres, será por tu propia culpa porque lo máximo que hice fue tomarte de la mano. ¿Por qué no estás en la cena? — cuestiona sospechoso.
—Porque… porque quería ir al baño. Me perdí de regreso — explico disimulando mis nervios por ser atrapada.
—¿Cómo te vas a perder, si no hay perdida?
Lo mismo me gustaría saber, pero he perdido el rastro de cómo regresar. Encojo mis hombros y hago como que no lo comprendo. Él desiste de volver a cuestionarme y regresamos a la cena con Leandro ya incorporado para finalizar con el postre.
Ni la plática entre primos sirvió para que Luciano intentase participar en la conversación de la mesa. Diría que fue peor, porque Leandro también dejó de intervenir en esta.
….
Cierro los botones de mi pijama y chequeo con rapidez cómo me veo en el espejo de este baño. Estábamos de regreso en la habitación en la que dormiríamos. Dormir junto con Luciano me llena de expectativa y nervios, aunque supiese que nada de nada iba a pasar entre nosotros.
Salgo del baño para encontrarlo hurgando en una de las mesas de noche, todavía no se ha cambiado a ropa de dormir. Muevo mis brazos en el aire y miro la cama, esa cama que tendremos que compartir. Entro en esta y arropo con el cobertor. Finjo leer cualquier cosa en mi celular que tomo de otra mesa de noche.
No estoy leyendo, estoy más pendiente de los movimientos de Luciano. Por eso me alarmo cuando lo veo queriendo salir de la habitación con un estuche negro en las manos.
—¿A dónde vas? — tengo que preguntar inquieta.
Él voltea a responder y alzar el estuche que tenía en manos.
—Dormiré en otro sitio.
—¿Por qué dormirás en otra parte? ¿Para qué dijiste que compartiríamos habitación temprano? ¿No estamos jugando a los enamorados? — todos esos argumentos salen sin parar de mi boca.
Yo que había dado mil excusas para que él no se fuese, cuando más temprano había dado más para que no estuviésemos juntos por la noche.
—Necesito descansar a solas — comenta esquivo.
Comprendo lo que está pasando. Luciano no suele ser así.
—Estás molesto. ¿Con quién? ¿Conmigo, con tu padre o tu primo?
A él no le gusta que me haya acercado al origen de su molestia. Se muerde el labio, y sé que lo negará.
—No estoy molesto con nadie.
—Pareces estarlo…

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