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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 107

MARIANA

Amanecí en una cama que no era la mía, en una casa que no era la mía, y por un segundo, antes de abrir los ojos, se me olvidó todo. Estiré la mano buscando a Zayed.

No estaba.

Y entonces me acordó de golpe. La fiesta. El anuncio. La firma. El auto negro. Las cámaras.

Me levanté antes de que el peso me aplastara del todo.

Cuando salí al pasillo, ya había un desfile.

Dos muchachas del servicio subían cajas. Cajas y cajas. Una torre de regalos envueltos con moños, apilados en la sala de la casa de huéspedes como si fuera Navidad.

—¡MAMÁ! —Valentina estaba sentada en el piso, rodeada de papel de regalo, con una muñeca casi de su tamaño en brazos—. ¡Mira! ¡El señor Omar nos mandó juguetes! ¡Y esta habla! ¡Y camina!

—Ya veo, mi amor. —Se me revolvió el estómago.

—Y esto es para ti, mija. —Mi madre salió de la cocina con una bandeja de fruta cortada y una caja abierta en la mano—. Mira nada más. Chocolates finos, de esos suizos. Y a mí me mandó un rebozo de seda, fíjate, que no le pega ni con cohetes a mi ropa, pero el detalle es el detalle. —Se sentó, encantada—. Oye, digan lo que digan, ese Omar es un hombre amable. Generoso. Nos abrió su casa a medianoche, nos manda de comer, nos llena de regalos. No cualquiera hace eso por unas desconocidas.

—Ma. —Dejé la caja de chocolates sin abrir sobre la mesa—. Ese hombre está casado.

Mi madre levantó la vista.

—¿Casado?

—Casado. —Bajé la voz para que Valentina no oyera—. Y no con cualquiera. Su esposa se llama Nadia. Y Nadia era la prometida de Zayed. La mujer con la que Zayed se iba a casar antes de que apareciera yo. —La miré—. Esa boda se canceló por mi culpa, por el escándalo de la noche que pasamos juntos. Y meses después, Nadia terminó casada con Omar. ¿Entiendes lo enredado que está esto, ma? Estamos durmiendo en la casa del esposo de la exprometida de mi marido.

Mi madre se quedó con la fruta a medio camino de la boca.

—A ver. —Dejó el tenedor—. ¿Me estás diciendo que este señor tan amable está casado con la mujer que tu marido dejó plantada por ti?

—Exactamente.

—Ay, Mariana. —Se llevó la mano a la frente—. Ay, hija. ¿Pero tú en qué clase de telenovela metiste a esta familia?

—Yo no me metí—

—¡Claro que te metiste! —Bajó la voz, pero no el regaño—. ¡Te metiste hasta el cuello! Una noche con un desconocido, un contrato, un jeque, un suegro que te odia, una boda cancelada, la exnovia, el rival millonario, la prensa… ¡Mariana, la gente normal no colecciona enemigos como tú coleccionas problemas! —Se persignó—. Yo te crié tranquila. ¿En qué momento se me torció la hija?

—No es momento de…

—Es momento perfecto. —Me apuntó con el tenedor—. Porque tú y yo, con esta niña, nos subimos al primer avión a Guadalajara y dejamos toda esta locura atrás. Se acabó. Punto.

—Yo no me quiero ir a Guadalajara.

La vocecita nos calló a las dos.

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