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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 108

GABI

Llevaba media hora escondida detrás de los árboles de la entrada, como una acosadora de las de manual, esperando a que Khalid llegara a la casa.

Y no me daba ni vergüenza. Después de dos días viendo a mi mejor amiga humillada delante del mundo entero, se me acabó la vergüenza y la paciencia al mismo tiempo.

El auto de Khalid entró por el portón cuando ya oscurecía. Lo estacionó bajo la palmera de siempre. Y en cuanto abrió la puerta y sacó un pie, salí de entre los árboles y lo agarré de la corbata antes de que terminara de bajarse.

—¡Gabi! —Se le fue el aire—. ¿Qué—?

—¿Ya fue? —Le torcí la corbata en el puño—. Tu hermano. ¿Ya fue a buscar a Mariana? ¿Ya fue por ella? Dime que ya fue, Khalid.

—Gabi, suéltame la—

—¿Ya fue o no?

Khalid tragó saliva. Y por su cara, antes de que abriera la boca, ya supe la respuesta.

—Todavía no. —Bajó la voz—. Está… resolviendo unos asuntos primero. Del contrato. De la empresa. Hay cosas legales que tiene que ordenar antes de ir con ella, cosas complicadas, tú no—

—Cobarde. —Le solté la corbata de un empujón—. Tu hermano es un cobarde.

—No es tan simple—

—¡Es simplísimo! —Me temblaba la voz—. La mujer que ama está a unos kilómetros, sola, humillada, esperándolo, ¡y él está "ordenando papeles"! ¿Sabes cuántas veces preguntó Mariana por él anoche antes de irse? ¿Sabes cuánto lo defendió? Y el señorito está resolviendo asuntos. —Me reí sin ganas—. Los Al Rashid. Todos igualitos. Un montón de dinero y ni un gramo de agallas.

—Y tú. —Me giré, porque ya que estaba, iba a soltarlo todo—. Tú eres igual de cobarde que él. Peor.

Khalid parpadeó.

—Tú sabías, Khalid. —Di un paso hacia él—. Sabías de esa cláusula desde el principio. La cláusula que decía que Zayed se iba a casar con Aaliyah. Lo supe cuando te la saqué a la fuerza, ¿te acuerdas? Cuando te tiré a la cama y me dijiste que preferías morirte antes que romper tu bendito código de ética. —Se me quebró la voz—. Pues tu código de ética le acaba de estallar en la cara a mi mejor amiga delante de doscientas personas. Si me hubieras dicho, aunque fuera a mí, yo la habría preparado. Le habría avisado. No la habrían agarrado desprevenida como a una idiota. —Lo empujé en el pecho—. Pero no. Tú y tu palabra. Tú y tu honor. Mientras Mariana se moría de la vergüenza.

—No podía decírtelo, Gabi. —Su voz salió ronca—. Di mi palabra profesional. Un abogado que revela los términos de un contrato no vuelve a trabajar en su vida. Y no era mi secreto. Era el de mi hermano.

—Ah, claro. Tu carrera. —Asentí, con los ojos ardiendo—. Perdón. Cómo se me olvida que lo primero siempre son ustedes.

—Eso no es justo—

—¿Justo? —Solté una carcajada horrible—. No me hables de justo, Khalid. Ninguno de ustedes sabe lo que es esa palabra.

Me di la vuelta para irme. Ya no podía verle la cara. Porque si me quedaba un segundo más iba a llorar delante de él, y eso sí que no.

Y entonces me agarró del brazo.

—No has contestado mi pregunta.

Me quedé quieta, de espaldas a él, con su mano cerrada alrededor de mi brazo.

—Suéltame, Khalid.

—No hasta que me contestes. —Me giró despacio, hasta quedar frente a frente—. Te hice una pregunta en el jardín, la noche antes del cumpleaños. Y saliste corriendo antes de responderme.

—No me acuerdo de ninguna pregunta.

—Sí te acuerdas. —Sus ojos no soltaban los míos—. Te pregunté qué harías tú si yo terminara mi compromiso con Yasmín.

Se me secó la boca.

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