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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 137

GABI

—Última llamada para el vuelo con destino a Ciudad de México. Pasajeros, favor de abordar por la puerta veintidós.

Me levanté del asiento de la sala de espera con la maleta de mano y las piernas de trapo.

Era hora. Me iba. De verdad esta vez.

Había pasado las últimas horas mirando el reloj como una tonta. Calculando. Ahorita están entrando a la iglesia. Ahorita Khalid está en el altar. Ahorita le están poniendo el anillo a Yasmín. Ahorita ya es de ella para siempre. Cada hora que pasaba era un clavo más, y yo me los iba clavando sola, uno por uno, como si necesitara sentir cada uno para creérmelo.

A esta hora ya estaba casado. Seguro. La boda que yo misma organicé, flor por flor, ya se había celebrado sin mí, porque en el último momento no tuve el valor de quedarme a verlo poner ese anillo. Preferí venirme al aeropuerto a tiempo y ahorrarme la escena. Cobarde yo también, al final.

Me colgué la maleta al hombro y caminé hacia la puerta veintidós, hacia el escáner de los boletos, hacia México, hacia mi vida sin él.

Le entregué el pase de abordar a la muchacha.

—Que tenga buen vuelo, señorita.

—Gracias.

Di un paso hacia la manga del avión.

Y entonces lo oí.

—¡GABI!

Me quedé congelada.

No podía ser. Era mi cabeza. Llevaba tantas horas pensando en él que ya lo estaba escuchando, como los locos.

—¡GABI! ¡ESPERA!

Me di la vuelta.

Y era él.

Khalid. Corriendo por la terminal, esquivando gente, con el traje de novio arrugado, la corbata a medio deshacer, el pelo revuelto, sudando, con una cara de desesperación que no le había visto nunca. Corría hacia mí como si en eso se le fuera la vida entera.

Se me cayó la maleta de mano al piso.

—¿Khalid? —Apenas me salió la voz—. ¿Qué… qué haces aquí?

Llegó hasta la puerta, jadeando, deteniéndose frente a mí, y por un segundo ninguno de los dos pudo hablar. Él porque venía sin aire. Yo porque no me cabía en la cabeza lo que estaba viendo.

—Señor, ¿tiene pase de abordar? —La muchacha de la puerta lo miró, confundida.

—No. —Khalid ni la miró. Me miraba a mí, solo a mí—. No vengo a abordar. Vengo por ella.

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