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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 155

MARIANA

La llamada de Nassar me rompió en dos.

—Detuvieron a Zayed.

Lo dije en voz alta, en medio del jardín, y las palabras no me cabían en la boca. No tenían sentido. Zayed había salido esa mañana a una reunión de negocios, tranquilo, seguro, besándome en la puerta. Y ahora Nassar me llamaba desde el edificio para decirme que la policía se lo había llevado esposado, delante de todos, acusado de negocios sucios con Omar Hamza.

Con Omar. El hombre que lo mandó golpear. El hombre que quería quitarme a mí. Acusaban a Zayed de ser socio de su peor enemigo.

Se me doblaron las piernas y me senté en el pasto, ahí mismo, con el teléfono todavía en la mano.

—¿Mamá? —Valentina se acercó corriendo, con una mariposa entre las manitas—. ¿Por qué lloras? ¿Te picó algo?

—No, mi amor. —Me limpié la cara rápido, para no asustarla—. No es nada. Se me metió una basurita en el ojo.

—¿Y Zayed? —Me miró con esos ojos que ven todo—. ¿Ya va a venir? Le quería enseñar mi mariposa.

Se me partió el corazón en dos.

—Ahorita viene, mi vida. —Le acaricié el pelo—. Ahorita viene. Ve a enseñarle tu mariposa a la abuela, ¿sí? Corre.

La niña se fue, y yo me quedé un momento en el pasto, dejando que el miedo me pasara por encima como una ola. Y cuando pasó, me levanté.

Porque llorar tirada en el jardín no iba a sacar a Zayed de ninguna cárcel.

Nassar llegó a la casa, yo ya me había lavado la cara, me había recogido el pelo y tenía la cabeza fría. O casi.

—Cuéntame todo. —Lo recibí en la puerta—. Sin adornos. ¿Qué pasó exactamente?

—Nos emboscaron al salir del edificio. —Nassar entró, dejó el maletín de golpe sobre la mesa—. Cinco patrullas. Una orden de arresto lista, con nombre y apellido. Alguien lo tenía todo preparado, Mariana. Esto no fue una casualidad ni una investigación de rutina. Esto fue una emboscada montada con tiempo.

—¿De qué lo acusan?

—De formar parte de la red de negocios ilícitos de Omar Hamza. —Nassar apretó la mandíbula—. Lavado de dinero, empresas fantasma. Dicen que su nombre aparece en la documentación que decomisaron.

—Eso es imposible. —Sentí que la rabia me subía por el pecho—. Zayed odia a Omar. Omar lo mandó golpear, casi lo mata. ¿Cómo van a ser socios?

—Exacto. —Nassar señaló el maletín—. Y por eso ya tengo a tres abogados revisando el expediente completo. Los mejores de Dubái. Si metieron el nombre de Zayed en esos papeles, fue plantado. Me pidió que le llamaras a Khalid.

Así que no lo dudé. Tomé el teléfono y llamé a Gabi.

—¡Amiga!

—Gabi, necesito hablar con Kahild, es urgente. —Escuché a mi amiga caminar hasta que escuché la voz de Kahlid.

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