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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 168

MANSOUR

Me encerré en mi estudio en cuanto se fue el último invitado.

La boda de mi hija había sido una humillación. Una farsa que ese viejo Nassar me había montado en mi propia casa, delante de todo Dubái, para casar a mi única hija con un chofer. Un chofer. El mismo que mandé golpear. Y yo, atado de manos, tuve que sonreír y aplaudir mientras se burlaban de mí frente a la gente que más me importa impresionar.

Me serví un whisky y me quedé mirando la ventana, solo, en la oscuridad.

Solo. Esa era la palabra.

Mis tres hijos me habían dado la espalda, uno por uno. Zayed, con su mexicana. Khalid, con su fuga vergonzosa. Y ahora Layla, con su chofer. Los tres, lejos de mí, felices. Riéndose. Construyendo vidas sin mí.

Y esa era la única cosa que yo no soportaba. No la traición, no el escándalo, no la pérdida de dinero. La soledad. Este silencio. Esta casa enorme y vacía donde ya no quedaba nadie más que yo y mi rabia.

Le di un trago largo al whisky.

Y entonces oí un ruido a mis espaldas.

Me giré despacio.

Alguien había entrado a mi estudio en silencio. Una figura, de pie en la penumbra, junto a la puerta.

Encendí la lámpara. Y lo reconocí.

Omar Hamza.

Pero no el Omar elegante de siempre. Este era otro. Sucio, con la barba crecida, la ropa arrugada, ojeras hasta el suelo, los ojos rojos de un hombre que lleva semanas huyendo, durmiendo en cualquier parte, comiendo poco. Un prófugo. Una sombra de lo que fue.

Solté una carcajada.

—Vaya, vaya. —Me recosté en mi silla, con el vaso en la mano—. Miren nada más lo que trajo la noche. El gran Omar Hamza. Hecho una piltrafa. ¿Así andas escondiéndote de la policía? Das lástima, Omar. Verdadera lástima.

—Tú me hiciste esto. —Su voz salió ronca, temblando de rabia—. Todo esto es tu culpa, Mansour. Me lo prometiste. Me dijiste que nadie se iba a enterar nunca de nuestros tratos. Que estábamos cubiertos. —Dio un paso—. Te presté mi nombre. Puse la cara por los dos. Y ahora yo soy el que anda huyendo como una rata, buscado por toda la policía del emirato, mientras tú sigues aquí, en tu casa, con tu whisky, tan tranquilo. Cuando el verdadero jefe de todos esos negocios sucios eres tú. Tú, Mansour. Yo solo fui tu títere.

—Ahora te das cuenta. —Le di otro trago—. Qué lento eres.

Omar metió la mano en el saco y sacó un cuchillo.

La hoja brilló bajo la luz de la lámpara.

—Vine a cobrarte. —Avanzó hacia mí, con el cuchillo por delante—. Yo voy a seguir huyendo, Mansour. Pero vivo. Y tú te vas a quedar aquí. Muerto. Porque no pienso cargar yo solo con todo mientras tú duermes tranquilo. Si yo caigo, caes conmigo. Y si no puedo hundirte con la policía… te hundo con esto.

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