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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 169

MARIANA

Estaba sentada en la terraza de los Nassar, me di el lujo de mirar a mi familia y sentirme, por un momento, completamente feliz.

Porque era eso. Una familia. Rara, revuelta, hecha de pedazos de otras familias rotas, pero una familia al fin.

En el jardín, Karim y Layla jugaban con Valentina, persiguiéndola entre los naranjos, y la niña gritaba de risa cada vez que Karim la levantaba por los aires. Layla, que hacía unas semanas era una prisionera triste, se reía con una libertad que le cambiaba la cara entera. En la otra esquina, Gabi y Khalid conversaban muy juntos, sonriéndose como dos tontos enamorados. Y en la mesa del té, mi madre y Hassan estaban sentados uno al lado del otro, tomando el té, y mi mamá se reía de algo que él le contaba, con esa risa coqueta que le había vuelto a nacer a sus años.

Todos felices. Todos a salvo. Todos, por fin, en paz.

Todos menos uno.

Zayed estaba a mi lado, tomándome de la mano, mirando la misma escena que yo. Pero él no sonreía como los demás. Tenía la mandíbula tensa, la mirada perdida, esa sombra que le conozco y que arrastraba desde hacía días.

—Zayed. —Le apreté la mano—. ¿Qué te pasa?

—Nada. —Forzó una sonrisa—. Estoy bien.

—No me mientas. Te conozco. —Lo miré fijo—. Llevas días así. Desde la boda de Layla, andas cargando algo que no me quieres contar. Lo veo en tu cara. Dímelo.

—Mariana. —Me acarició la mano—. Hay cosas que estoy resolviendo. Cosas feas, de mi padre. Y no quiero que te preocupes por eso. Todo está bajo control, te lo juro. Lo único que quiero es que tú te enfoques en cuidarte. En ti y en nuestro bebé. Eso es lo único que me importa ahora. Déjame a mí cargar con lo demás.

No me quedé conforme. Nunca me quedo conforme cuando Zayed me protege de la verdad. Pero conozco a mi esposo, y sé que hay batallas que él necesita pelear un rato solo antes de compartirlas. Así que, por ahora, lo dejé pasar.

—Está bien. —Le apreté la mano—. Pero que quede claro que esto lo peleamos los dos. Cuando estés listo, me cuentas todo.

—Todo. —Asintió—. Te lo prometo.

Miré otra vez a la familia reunida en el jardín, y una idea me llenó el pecho de ternura.

—Zayed. —Me giré hacia él—. Creo que es el momento.

—¿El momento de qué?

—De contarles. —Sonreí, poniéndome la mano en el vientre—. Lo del bebé. Míralos. Todos juntos, todos felices, por primera vez en tanto tiempo. Necesitamos algo bueno que celebrar, algo que no sea una guerra. Y no hay nada más bueno que esto. —Le tomé la cara—. Diles que vas a ser papá. Que va a haber un bebé en esta familia. Que después de tanta oscuridad, viene una vida nueva.

A Zayed se le suavizó la cara, por primera vez en la tarde, y asintió.

—Tienes razón. —Me besó la frente—. Se lo merecen. Vamos a—

Pero no pudo terminar.

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