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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 204

MARIANA

Hace veinte minutos que no veo a Valentina, y el estómago ya me avisa antes que la cabeza.

Recorro la terraza con la mirada dos veces. Tres. Nada. Y el corazón se me acelera con una fuerza que no es normal, que es memoria pura: hace apenas unos días la lloré como se llora a un muerto, convencida de que no iba a volver a verle la cara. No vuelvo a pasar por eso. No esta noche.

—Amir. —Agarro a mi hijo del brazo cuando pasa con un plato—. ¿Viste a tu hermana?

—Sí, hace rato. —Se encoge de hombros, masticando—. Salió al jardín.

—¿Sola?

—Con una señora. —Frunce el ceño—. Una que yo no conocía. ¿Por?

No le contesto. Ya voy caminando.

Con una mujer. Con una desconocida. En esta ciudad. La noche menos indicada de todas.

Salgo al jardín y la oscuridad se me traga. Las luces de la fiesta quedan atrás; aquí solo hay sombras, setos altos, el rumor del mar. Avanzo rápido, el pulso en la garganta, hasta que las oigo. Dos voces bajas, cerca de la fuente, en el rincón más oscuro del jardín.

Una es mi hija.

La otra no la había oído en mi vida, y aun así me eriza.

—Valentina.

Las dos se vuelven. Mi hija da un respingo, como una niña a la que pescan donde no debe. Y a su lado, una mujer elegante, perfumada, con una copa en la mano y una calma que no me gusta nada.

—Mamá. —Valentina traga—. Estábamos…

—Usted. —Miro a la mujer—. ¿Quién es?

—Yara. —Sonríe, tendiéndome la mano con una tranquilidad de reina—. Una conocida de la familia. Su hija y yo solo conversábamos.

No le tomo la mano.

—Valentina, entra conmigo. Ahora.

—No puedo. —Mi hija se planta—. Estoy en medio de una conversación, mamá. Yara iba a contarme…

—Dije. Ahora. —No levanto la voz. No me hace falta. Es el mismo tono con el que la saqué de peores lugares cuando era chica, y ella lo reconoce, porque cierra la boca.

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