—De haberlo sabido, jamás habría permitido que te comprometieras con Raúl.
...
Bosques de Marfil.
Rafaela probó el plato que Liberto acababa de servir.
—Mmm, has mejorado bastante, está delicioso.
Liberto se quitó el delantal y lo dejó a un lado; enseguida, una empleada lo recogió y se lo llevó a la cocina.
—Come, date un baño y ve a dormir bien. Hablaré con la universidad para que te exijan menos. Si no te gradúas, tampoco es el fin del mundo.
Liberto le sirvió más comida, y Rafaela se rio.
—No quiero que en esta casa haya dos ignorantes. Si se enteran allá afuera de que uno no terminó la universidad y el otro apenas terminó la secundaria... Tal vez a ti no te dé vergüenza, pero a mí sí.
En su círculo social, sacar buenas notas no tenía la menor importancia; los títulos académicos se podían comprar con dinero. La gran mayoría de las personas a su alrededor asistían a escuelas preparatorias privadas exclusivas y, luego de estudiar en el extranjero, regresaban con un título de posgrado de una universidad de renombre para heredar las empresas familiares. Tras tres o cinco años, se casaban por conveniencia con alguien de una familia adinerada. Esa era la realidad del mundo que Rafaela conocía.
—Parece que la Sra. Padilla se quedó con una versión muy antigua de mí. Obtuve una doble titulación en la Escuela de Negocios de Europa.
—¿Cuándo pasó eso y por qué no me enteré? —preguntó Rafaela, alterándose de inmediato. ¡Ese patán se había estado superando a sí mismo a sus espaldas!
A diferencia del asombro de Rafaela, Liberto simplemente se limitó a quitarle las espinas al pescado mientras se lo explicaba con calma:
—Durante el tiempo que me hice cargo del Grupo Jara, solía viajar con frecuencia al extranjero, especialmente a Alemania. Pasé mucho tiempo allá.
—El sistema educativo en ese país es distinto al nuestro, no requiere estar todo el tiempo en Alemania.
—¿Y qué hacías con los exámenes? —quiso saber Rafaela.
—Tu punto de partida es el destino soñado de la mayoría. No olvides que la restauración de joyería siempre fue parte de la familia Jara; tú eres la meta, no necesitas perseguir a nadie.
Rafaela apoyó la barbilla en su mano y lo miró entrecerrando los ojos.
—Eres bastante bueno para endulzarme el oído.
—Yo soy la meta —dijo ella con una sonrisa sincera. Si el Liberto de su vida pasada hubiera sido como el de ahora, tal vez nunca habrían llegado a ese extremo... pero entonces, ¿por qué motivo se habrían divorciado?
—Liberto...
—¿Sí?
—Déjame contarte más sobre el sueño que tuve, la última vez no te expliqué todo...
—En mi sueño, después de que Alonso Cruz se casara con Luciana Osorio, la familia Jara y la familia Cruz perdieron todo contacto. La relación entre Maritza y yo no era como ahora, de ser grandes amigas; de hecho, nuestra relación empeoraba cada día. Empeoró tanto que... después de casarnos, pasamos años en los que apenas nos veíamos un par de veces al mes. Cuando tomaste las riendas de la empresa por completo, te volviste distante, como si ya no sintieras nada por mí. Volvías muy tarde y terminábamos peleando todo el tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...