—Cristina, has bebido demasiado —dijo Yara.
—Todo lo que digo es cierto —respondió Cristina, quien nunca antes había tomado tanto—. ¡Vamos! Vamos a ajustar cuentas con ella.
—¡Rafaela! ¡No des un paso más!
Rafaela estaba a punto de irse cuando escuchó una voz a sus espaldas. Se dio la vuelta y observó a la figura que caminaba tambaleándose hacia ella. Rafaela se cruzó de brazos, levantó ligeramente la barbilla y la miró de arriba abajo con profundo desprecio.
—¡Rafaela! ¿Qué te crees? Antes te escudabas en la familia Cruz, pero ahora... déjame decirte algo. ¡Incluso si estás casada con el presidente del Grupo Jara, no puedes ocultar lo ordinaria que eres! A fin de cuentas, no eres más que la hija de una sirvienta que ascendió usando su cara bonita. ¡No vales nada!
—Él le pertenece a Penélope. Si se casó contigo, fue solo para ponerla celosa.
—¡Te lo aseguro, para él solo eres un pasatiempo barato!
—...Solo sirves para trepar usando a los hombres, nunca serás capaz de lograr algo por ti misma.
¡Zas! Sin pensarlo dos veces, Rafaela levantó la mano y le dio una fuerte bofetada a Cristina. Con el golpe, Cristina perdió el equilibrio y cayó de sentón al suelo. Yara, al ver la escena, se quedó petrificada.
—¡Rafaela! ¿Con qué derecho le pegas? ¡Estás loca!
Aprovechando el impulso, Rafaela también le cruzó la cara a Yara con otra bofetada.
Como ambas habían estado bebiendo, tardaron unos segundos en procesar lo que acababa de ocurrir. Pero cuando el entumecimiento pasó, un dolor agudo y punzante se apoderó de sus rostros. Ni la capa más gruesa de maquillaje pudo ocultar las marcas rojas que comenzaron a hincharse en sus mejillas.
—¡¿Cómo te atreves a golpearme?!
—¡¿Por qué me pegas?!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...