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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 849

Después de todo, desde que el joven despertó, no ha contactado a la señora y hasta soltó el rumor de la amnesia, todo con tal de alejarla de la familia Cruz.

Una mentira siempre necesita de otras mil para sostenerse. Si esto sigue así, cuando la verdad explote, va a ser un desastre imparable.

—Ya lo sé. Déjame solo.

Mauricio asintió levemente.

—Sí, joven.

—Por cierto, el sobre que trajo la señorita Penélope de parte de la señora… aún no lo ha abierto. ¿No quiere ver qué es?

—Tal vez le dejó algo importante.

Liberto:

—Tráelo.

Mauricio:

—Enseguida.

Mauricio le entregó el paquete a Liberto y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Cuando Liberto rompió el sello del sobre, en el fondo ya sabía qué esperar. Aunque intuía lo que ella le había mandado, una pequeña parte de él guardaba la esperanza de equivocarse.

Pero no. Tal como imaginaba… lo primero que vio fue el acuerdo de divorcio, junto con todos los convenios que él había firmado anteriormente.

El contenido de ese sobre pesado jamás le había dado tantos deseos de arrepentirse de haberlo abierto.

Todo aquello le gritaba que, una vez más, había sido abandonado.

Entre los papeles, también estaba la cesión de acciones del Grupo Jara.

E incluía las escrituras de la Villa Sueño del Cielo, con los nombres de él y de Penélope registrados como propietarios.

Él la había empujado lejos mil veces, pero esta vez…

Rafaela había recomprado la Villa Sueño del Cielo, donde él y Penélope habían vivido, gastando una fortuna, como si les estuviera regalando su futura casa de recién casados, y encima les mandaba el divorcio firmado. Solo le faltaba mandar al juez del registro civil para casarlos ella misma.

Mauricio, que montaba guardia afuera, escuchó un golpe seco en la habitación. Sin pensarlo, abrió la puerta.

—¡Joven!

Lo que vio fue un montón de papeles hechos pedazos regados por el suelo. En uno de los fragmentos se leía claramente la palabra «Divorcio», y en otro, aplastado bajo el resto, estaba la firma de la señora.

En ese momento, Mauricio entendió todo.

Con razón el joven no había querido abrirlo en tanto tiempo.

Mauricio se arrepintió profundamente de haber sugerido ver el contenido.

Liberto se había bajado de la cama, pero estaba arrodillado en el suelo, sin fuerzas para levantarse. La ira y el dolor emocional fueron tan intensos que le provocaron un colapso; escupió una bocanada de sangre y, en un instante, perdió el conocimiento de nuevo.

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