—Para evitar que esto manche su reputación, la universidad está haciendo todo lo posible por silenciar el escándalo.
—Ahora solo tienen dos opciones: pagar el cien por ciento de la deuda, incluyendo la penalización al Grupo Jara, o... esperar a que la demanda proceda y terminar tras las rejas.
Liberto escuchó cada palabra con absoluta claridad, pero no emitió sonido alguno.
—El monto del fraude, sumado a la penalización por incumplimiento, asciende a más de doscientos treinta millones...
¿Qué significaba esa cifra?
Que incluso si esas mujeres trabajaran como esclavas para el Grupo Jara, les tomaría más de doscientos años saldar esa deuda.
—La contraparte ya contrató a un abogado. Es Raúl Lozano, pero curiosamente, solo está buscando probar la inocencia de Penélope.
—Argumentan que Penélope no sabía absolutamente nada del fraude, ya que renunció a su puesto como responsable del estudio y de la asociación justo antes de que todo estallara. La universidad tiene respaldos de sus solicitudes de renuncia, y hay testimonios que afirman que ella no participó en el desvío de fondos. Si... logran demostrar que presentó su renuncia antes del incidente, es muy probable que salga absuelta.
—La universidad solo quiere echarle tierra al asunto para reducir el impacto mediático, pero fuera de eso, no han movido un dedo.
Rafaela comía su cerdo agridulce con calma, masticando lentamente mientras analizaba la conversación.
—¿Y cómo sabes que Penélope no renunció justo después de enterarse de todo, solo para fingir que no sabía nada?
Con esa sola frase, Joaquín sintió que se le erizaba el vello de la nuca. Un escalofrío le recorrió la espalda al procesar esa aguda deducción, algo que a él jamás se le habría pasado por la cabeza. Si Penélope de verdad lo sabía todo y calculó su salida en el momento exacto... el simple pensamiento resultaba aterrador.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...