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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 963

Rafaela asintió con cortesía y luego miró a Liberto.

—¿Vas a la oficina primero?

—Te llamo cuando termine aquí —añadió ella.

—No me siento tranquilo dejándote sola. ¿Vamos juntos? —preguntó Liberto.

—No soy una criminal para tener que estar bajo tu vigilancia todo el tiempo. ¡Antes no eras tan controlador! —se quejó Rafaela. Ya toleraba bastante que tuviera guardaespaldas reportándole cada uno de sus movimientos.

Yago, el mayordomo, sabía perfectamente que la joven frente a él era la responsable de que Samanta Carrillo intentara suicidarse cortándose las venas. Por ello, sentía un profundo resentimiento hacia la heredera de la familia Jara.

Sin embargo, al verla en persona, no pudo evitar dudar. Esta mujer tan refinada no parecía capaz de cometer un acto tan bajo. ¿Acaso los rumores eran falsos?

En los círculos de la alta sociedad de Luminara, corría el chisme de que la heredera del Grupo Jara, con sede en Floranova, había reavivado su romance con el futuro yerno de los Carrillo. Se decía que en una fiesta, habían sido grabados en actitud muy íntima junto a la piscina. Ese video llegó a manos de Samanta, empujándola al borde del suicidio, lo que provocó que su inminente boda quedara pospuesta.

El escándalo había sido enorme y toda la ciudad de Luminara estaba al tanto.

La gente murmuraba que la familia Carrillo había criado a un cuervo que les sacaría los ojos.

Samanta, siempre conocida por su dulzura y elegancia, había quedado en ridículo, perdiendo todo el prestigio de su familia.

—Señor, no se preocupe. Después de la reunión, nos encargaremos de escoltar a la señorita Rafaela sana y salva de regreso —aseguró Yago, dirigiéndose a Liberto.

Sin siquiera mirar a Liberto, Rafaela caminó hacia la salida.

—No le hagas caso, vámonos.

Se subió al Rolls-Royce de la familia Carrillo, aunque notó de inmediato que los asientos no eran tan cómodos como los del auto de Alonso Cruz.

Al llegar a un hospital privado exclusivo, Rafaela siguió a Yago hasta el ascensor. Toda la planta estaba reservada para la familia Carrillo. Al caminar por el pasillo, pudo escuchar un llanto desgarrador proveniente de una de las habitaciones.

—¡Papá... te lo ruego, no le hagas daño! Todo esto fue una impulsividad mía. ¡Por favor, déjalo libre!

—Después de todos estos años, tú eres la única que ha estado detrás de él. ¡Y mira el escándalo que has provocado! Se enteraron hasta en Floranova. Es solo un hombre, ¿acaso quieres arruinar mi reputación? Si realmente quieres casarte con él, haré que preparen la boda ahora mismo. ¡Y si no, corta lazos de una vez! ¿Quieres que lo perdone? Se lo dejé muy claro desde el principio: la familia Carrillo no es algo con lo que un don nadie pueda jugar.

—Se buscó todo esto él solo.

—Lo sé, papá, lo sé... Todo es culpa mía. Fui yo quien se encaprichó con él, no tiene nada que ver.

—Pero papá, esa empresa es el sueño de Kino. ¡No la destruyas, te lo suplico!

—Te prometo que ya no estaré con él. Si lo dejas en paz, aceptaré el matrimonio arreglado que tú elijas... Me casaré con quien tú digas. Haré lo que quieras, pero no le hagas daño —suplicaba Samanta, arrodillada en el suelo, llorando amargamente, a pesar de que las heridas en sus muñecas aún no habían sanado.

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