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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1134

—Encárgate de solucionarlo por ahora.

Rafaela se encontró con la mirada de Liberto. Al ver que colgaba el teléfono, preguntó:

—¿Qué pasó?

—Nada. Mauricio está buscando aquel jarrón que tanto te gustaba, a ver si puede encontrar uno igual.

Rafaela, creyendo que realmente se trataba de eso, miró por encima del hombro de él hacia el lugar donde su papá había estado minutos antes. Empujó el pecho de Liberto con el pie descalzo y lo miró con gélida desconfianza.

—Tú siempre has odiado a mi papá. ¿Desde cuándo te pones de su lado?

—¡Increíble que te alíes con él para engañarme! —Estaba furiosa, pero no se atrevía a gritarle a Liberto en casa.

Quién sabe en qué momento podría aparecer su papá. Si llegaba a escucharla alzándole la voz a Liberto, seguramente la iba a regañar.

Liberto tomó su delicado pie, lo bajó suavemente, tomó una manta que estaba a un lado y la cubrió. Acto seguido, pinchó un trozo de fruta cortada y se lo acercó a los labios.

—El Sr. Fernández tiene sus propias razones para ocultarte ciertas cosas.

—No uses a mi papá como excusa para todo. Más bien creo que tienes miedo de que yo lastime a Penélope Salazar. Qué talento tiene esa mujer; salva a una persona al azar, y resulta ser la poderosa matriarca de la familia Huerta. Si quieren que el Grupo Jara retire los cargos, a la familia Huerta le basta con decir una palabra. Y para colmo, la familia Jara tiene negocios con los Huerta, así que no podemos hacer un escándalo. Al parecer, todo lo que tiene que ver con ella, siempre hay alguien dispuesto a resolverlo. —Rafaela se sentó de golpe y le dedicó a Liberto una sonrisa peligrosa—. La familia Jara podrá tenerle respeto a la familia Huerta, pero... la familia Cruz, no.

—A la próxima, haré que Alonso intervenga.

—La familia Cruz no necesita rendirle pleitesía a los Huerta. No tienen tantas limitaciones.

*¿Alonso Cruz?*

—Y cuando Penélope Salazar esté de rodillas suplicando, más vale que tú... —Rafaela le dio unos golpecitos en el pecho con el dedo y pronunció cada palabra con énfasis—: controles ese corazón tuyo y no te vayas a ablandar.

Liberto entrecerró los ojos, atrapó la muñeca de Rafaela y tiró de ella hacia su pecho. Al notar que las sirvientas dirigían sus miradas hacia ellos, Rafaela se sintió incómoda e intentó empujarlo.

—¿Qué estás haciendo? Te advierto que me sueltes.

Capítulo 1134 1

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