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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 30

Úrsula era doctora en farmacia, pero Zulema también lo era. Si Úrsula había logrado entrar al Instituto, Zulema tampoco lo había hecho pidiendo favores a escondidas.

Las dos competirían por sus propios méritos, y ella no se consideraba menos capaz que Úrsula en lo absoluto.

Zulema ignoró su comentario, retiró la mano, la guardó en el bolsillo de su abrigo y, mirándola con total indiferencia, le contestó:

—Con lo talentosa que es la doctora Salazar, estoy segura de que puede ordenar sus propios datos. Dudo mucho que necesite mi ayuda.

La mano de Úrsula se quedó paralizada en el aire y su sonrisa se congeló por una fracción de segundo, aunque rápidamente logró recomponerse. Bajó la mano, esbozó una sonrisa dulce y dijo:

—Zuly... tan terca y orgullosa como siempre.

Zulema ya no se molestó en responderle y se dio la vuelta para regresar a su oficina. En ese mismo instante, se escucharon pasos apresurados bajando por las escaleras.

Era Pablo, quien acababa de bajar. Él era uno de los veteranos del Instituto, había ingresado hacía un par de años y siempre se proclamaba a sí mismo como el discípulo estrella del maestro Xavier. Sin embargo, la realidad era que sus investigaciones publicadas carecían de impacto, y la cantidad era mediocre. Era el claro ejemplo de alguien con demasiada ambición y poco talento.

Siempre trataba a los demás colegas con frialdad y con un tono despectivo, como si dirigirles la palabra estuviera por debajo de su nivel.

Pero en el momento en que vio a Úrsula, a Pablo se le iluminaron los ojos y su tono de voz se llenó de euforia.

—¡Doctora Salazar! ¡Qué honor tenerla por aquí!

Úrsula le dedicó una leve sonrisa.

—Así es. Yo también vine por el maestro Xavier.

Pablo se sintió volar. Su actitud, siempre altanera, se volvió servil y rastrera.

—Que la doctora Salazar se una a nuestro Instituto es un verdadero privilegio para todos. He leído el artículo que publicó infinidad de veces. ¡Es simplemente brillante, aprendí muchísimo de él!

Zulema, que seguía de pie a un lado, presenció la escena sin la más mínima sorpresa.

¿Quién en el gremio no conocía a Úrsula Salazar? Venía de buena familia, era hermosa, talentosa y, además, contaba con todo el peso y las conexiones de la familia Fajardo respaldándola. Era como si caminara con un reflector permanente sobre ella.

Pero, más importante aún, había un fuerte rumor en el sector: se decía que el fundador detrás de la investigación de la medicina contra el cáncer jamás había mostrado su rostro, y muchos juraban que se trataba de la mismísima Úrsula.

El rumor había cobrado fuerza porque los datos clave y la metodología inicial de ese proyecto coincidían casi a la perfección con la tesis doctoral de Úrsula.

Resultaba evidente que Pablo era uno de los creyentes más fieles de ese rumor. Su actitud hacia ella ya no era de simple respeto; era adulación pura y dura.

Pablo seguía hablando sin parar.

—Doctora Salazar, ahora que está aquí, estoy seguro de que este proyecto llegará a otro nivel. Mire, de hecho, tengo un par de datos en los que he estado trabajando. ¿Cree que, cuando tenga un momento, podría darles un vistazo? Siento que hay un error en alguna parte, pero no logro identificarlo...

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