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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 35

Zulema hizo una pausa, y su ceño se frunció instintivamente.

Ahí estaban las consecuencias. El estómago de Milagros simplemente no soportaba esa comida tan pesada.

Respondió con absoluta frialdad:

—De acuerdo, voy para allá.

Colgó la llamada y le envió un mensaje rápido a Julia avisándole que llegaría tarde al Instituto.

Después, levantó la mirada hacia el conductor.

—Señor, disculpe, cambie la ruta hacia la escuela.

El taxi dio la vuelta en la siguiente intersección. Zulema se recostó en el asiento, sin ninguna expresión en el rostro.

Llevaba días sin pisar esa escuela.

Antes iba por lo menos dos veces al día; hasta el guardia de la entrada ya la conocía por su nombre. Pensándolo bien, cuánta energía había desperdiciado invirtiendo todo su tiempo y corazón en su hija, solo para recibir a cambio desprecio y rechazo.

El auto se detuvo frente a la escuela.

Zulema pagó, bajó del vehículo y marcó el número de la Maestra Sofía.

—Maestra, ya llegué.

—Señora, Mila está en la enfermería. Pase directo, por favor —respondió la maestra con voz urgente.

Zulema guardó el celular y se dirigió a la enfermería.

La puerta estaba entreabierta. Zulema entró y sus ojos encontraron a Milagros al instante.

La niña estaba recostada en una camilla, cubierta con una manta delgada. Tenía la carita pálida, los labios sin una gota de color, el ceño fruncido y sus manitas apretadas contra el estómago. Se veía verdaderamente miserable.

El médico escolar se puso de pie al verla entrar.

—¿Usted es la madre de Milagros?

Zulema se acercó, murmuró un *sí* y bajó la mirada hacia la niña.

Milagros abrió los ojos y, al ver que era su madre, se le llenaron de lágrimas al instante. Con voz temblorosa y lastimera balbuceó:

—Mami...

Y luego estiró su manita para aferrarse a la de Zulema.

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