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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 37

Cuando Milagros se despertó, ya había anochecido y el cielo estaba oscuro.

Se sentó en la cama, frotándose los ojitos, y miró soñolienta hacia el otro lado de la habitación.

Había una figura sentada en el sofá, pero como la luz era tenue, no lograba verle bien el rostro. Instintivamente pensó que era Úrsula y gritó con entusiasmo:

—¡Señorita Ursi!

Zulema giró la cabeza lentamente.

Al ver que era su madre, la voz de Milagros se apagó con una decepción imposible de disimular:

—Ah... eres tú, mami.

Zulema se levantó del sofá, se acercó a ella y le tocó la frente para comprobar la temperatura. Ya no tenía fiebre.

—¿Tienes hambre? —preguntó Zulema con indiferencia—. ¿Qué quieres comer?

Milagros hizo un puchero y se tomó su tiempo para responder.

Originalmente no quería estar cerca de su mamá, pero no podía dejar de pensar en las albóndigas de carne que le habían negado al mediodía. Mientras más lo pensaba, más se le antojaban.

Dudó un instante, pero finalmente habló.

—Quiero albóndigas de carne.

Zulema la observó. Su estado ya era más estable, no se veía tan decaída como en la tarde, y el color había regresado a su rostro.

Lo pensó un segundo y decidió no negárselo.

—Está bien. Siéntate a ver caricaturas un rato, iré a prepararlas.

Milagros asintió feliz, se bajó de la cama y siguió a Zulema hacia la planta baja.

Se subió al sofá, agarró su tableta y se quedó sentadita en silencio viendo sus caricaturas.

Zulema entró en la cocina y comenzó a preparar las albóndigas. De reojo, vio a Milagros concentrada en su programa.

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