Entrar Via

Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 59

Las luces del frente del salón se atenuaron y la presentadora salió desde uno de los laterales. Llevaba una sonrisa profesional impecable, aunque en sus ojos se asomaba una ligera incomodidad.

Caminó hasta el centro y dio unos golpecitos al micrófono. El murmullo de los invitados se apagó casi de inmediato.

—Estimados invitados, lamentamos informarles que la ceremonia de asignación de fondos médicos del señor Ríos, programada para esta noche, ha sido cancelada.

En el instante en que las palabras salieron de su boca, una ola de conmoción sacudió el salón.

—¿Qué significa esto? ¿Cancelada? —alzó la voz alguien, sin poder ocultar su incredulidad.

En cuestión de segundos, las quejas comenzaron a brotar de cada rincón de la sala.

Un hombre de mediana edad golpeó su copa contra la mesa.

—¿Cómo se atreve el señor Ríos a romper su palabra así como así? El gran líder de Villa de los Ángeles, ¿pero cancela todo por un capricho?

Otro hombre a su lado no tardó en hacer eco.

—¿No decían que esto era en memoria de su esposa? ¿Y sale con esto? Es un chiste.

Al escuchar eso, las caras de los que estaban cerca palidecieron. Un sujeto de anteojos le jaló la manga al que acababa de hablar y le advirtió en un susurro aterrorizado:

—¿Te volviste loco? Si alguien de la gente de Ríos te escucha decir eso, estás muerto en esta ciudad.

Pero el hombre de mediana edad se zafó de un tirón. Había asistido esa noche porque su hospital estaba al borde de la quiebra; sin ese dinero, no sobrevivirían al siguiente trimestre.

Resopló, lleno de resentimiento, y alzó aún más la voz.

—¡Me importa un comino! No necesito las limosnas de un tipo que usa la memoria de su esposa muerta para darse baños de pureza.

Dicho esto, se acomodó el saco y salió del salón a paso furioso.

A su alrededor, más de uno ahogó un grito.

—Está demente... completamente demente.

Era cierto que la decisión de Sebastián Ríos había sido poco ortodoxa, pero nadie en su sano juicio se atrevería a insultarlo en público de esa manera.

Durante años, Ríos había financiado miles de plazas y equipado hospitales enteros sin escatimar un centavo. Que este año decidiera no hacerlo no le daba derecho a nadie a arrastrar su nombre por el suelo.

Zulema, en medio de la multitud, escuchaba los murmullos con el ceño fruncido.

De pronto, sintió lástima por Sebastián. Esa profunda y oscura soledad que había visto mientras él bebía en la terraza, seguramente venía de esto.

Era admirado por todos cuando repartía su dinero, pero a la menor negativa, lo trataban como al peor de los villanos.

La voz de una mujer rompió la tensión, tratando de ser conciliadora.

—Seguro el señor Ríos está pasando por algún inconveniente.

Pero alguien más saltó de inmediato con tono burlón.

—Dicen que hacía todo esto por su esposa muerta. Si ya dejó de hacerlo, a lo mejor por fin conoció a otra y ya está armando su nueva vida.

La broma de mal gusto provocó algunas risas ahogadas en el grupo. Los mismos que minutos antes se arrastraban buscando quedar bien, ahora se dispersaban, perdiendo todo el interés de golpe.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir