Úrsula respondió con un tono de urgencia evidente.
—Sí, es bastante urgente, y sería ideal si me puedes ayudar con eso.
Yolanda, que estaba en su casa relajándose, se quitó la mascarilla facial al escuchar esto, la tiró al basurero y se limpió las manos con una toalla de papel.
—Claro, voy a hablar con ella de inmediato.
Tras colgar, Yolanda se quedó sentada en el sofá, pensando.
La última vez que había cruzado palabras con Zulema fue después de aquella publicación borrada de Instagram. Desde entonces, ninguna de las dos había buscado a la otra.
El hecho de que Zulema le hubiera dado 'me gusta' a esa foto la había asustado mucho, pero pensándolo bien, no era para tanto. Zulema tenía un corazón blando; bastaba con decirle un par de cosas lindas para tenerla de vuelta. Así había sido siempre que discutían.
Marcó el número de Zulema.
Zulema y Cereza seguían sentadas en la cafetería. Cuando el celular sonó, Zulema miró el identificador de llamadas y su sonrisa se congeló.
Cereza soltó los cubiertos, captando al instante el cambio en el rostro de Zulema.
—Zuly, ¿qué tienes?
Zulema tomó una servilleta y le limpió las comisuras de los labios a Cereza.
—Nada, tú sigue comiendo, voy allí a contestar. Espérame aquí, sé buena.
Cereza asintió con obediencia, alzando su carita.
Zulema tomó su celular y caminó hacia un rincón del restaurante cerca de la ventana antes de presionar el botón de contestar.
La voz de Yolanda salió del auricular, con un cariño que sonaba forzado.
—Zuly, ¿dónde estás?
Zulema no respondió. No sabía qué quería Yolanda, pero no podía permitir que se enterara de que estaba con Cereza, no podía involucrar a la niña en esto.
Solo preguntó con voz neutra.

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