Entrar Via

Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 96

El hombre le susurró al oído, su respiración se había vuelto agitada y pesada.

—Aunque llames a la policía, no servirá de nada. Les diré que somos pareja y tuvimos una pelea.

Bajó la voz a un susurro que destilaba una familiaridad repugnante:

—Si no quieres arruinar tu reputación, ¡mejor coopera!

El corazón de Úrsula latía tan deprisa que sentía que se le saldría del pecho. La peste a sudor mezclada con humo de cigarrillo la asqueaba.

Los brazos que la apresaban se apretaron más fuerte. Milagros lloraba desconsolada, y justo cuando Úrsula volteó a mirarla, el atacante aprovechó para apretarla contra sí e intentar besarle el cuello.

—¡Mamá!

Milagros estalló en un llanto desgarrador, llamando a su mamá. En los momentos más críticos, pedir ayuda a su madre era un instinto natural.

Úrsula daba por hecho que no lograría escapar. Fue entonces cuando escuchó una voz inconfundible acercándose.

—¡¿Qué está pasando aquí?! ¡Suéltela!

Úrsula y Milagros levantaron la mirada en la misma dirección.

Zulema estaba parada no muy lejos, vestida con su sudadera gris claro y jeans. Su cola de caballo se había soltado un poco y algunos mechones rebeldes caían sobre su frente.

Con ojos fríos, fulminó con la mirada al hombre. Al ver a Milagros, sus pupilas se contrajeron sutilmente.

Pero en seguida recobró la compostura.

Dio un paso al frente para encararlo, le enseñó la pantalla iluminada de su celular y habló en tono amenazante.

—Ya llamé a la policía. Si no se larga ahora, lo arrestarán.

El hombre palideció. Empujó a Úrsula contra el piso, recogió a toda prisa la chaqueta que se le había caído y echó a correr.

Había dado solo unos pasos cuando volteó para dedicarle a Zulema una mirada venenosa, como una cuchilla afilada.

Sin embargo, no llegó muy lejos. Los guardias de seguridad, alertados por la llamada de emergencia, aparecieron por el sendero principal del campamento y entre tres lo derribaron contra el suelo.

Lo inmovilizaron por completo, aplastándole el rostro contra el pasto y retorciéndole los brazos hacia la espalda.

Úrsula seguía sentada en el suelo, temblando sin control. La parte baja de su vestido estaba llena de fango.

Corrió de inmediato hacia Milagros, la levantó del suelo y la inspeccionó de arriba abajo buscando alguna herida.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir