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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 101

Después de mil y un tormentos, Sofía Valdivia finalmente logró subirse al auto.

Leandro Corona le dio unas palmaditas en el hombro al asistente de Lorenzo que le había abierto la puerta.

—Hemos hablado bastante hoy, me pregunto qué pensará tu jefe cuando escuche todo esto.

El asistente mantuvo una expresión estoica. —Lo siento, no tengo autoridad para interferir en los asuntos de mi jefe.

Leandro sonrió. —Te has demorado mucho, ¿no te regañará Lorenzo cuando regreses?

El asistente no dijo nada. Cerró la puerta de Sofía, dio la vuelta y subió al asiento del conductor.

A través de la ventanilla, Leandro clavó su mirada en el interior. Inevitablemente, Sofía quedó atrapada en su oscura y enigmática atención.

De repente, Leandro curvó los labios y, mirándola fijamente, le dedicó una sonrisa perturbadora y retorcida. Parecía un paciente de un pabellón psiquiátrico de máxima seguridad que acababa de escapar y se había topado con ella por casualidad.

El impacto visual fue tan fuerte que las pupilas de Sofía se contrajeron, y una punzada le atravesó el pecho. Era una sensación sofocante.

No pudo evitar hablar. —Leandro, guárdate tus intenciones venenosas. No voy a ir a esa fiesta de compromiso.

Leandro, con una actitud arrogante, se quedó de pie allí. —Eso no lo decides tú. Isabel te invitó, así que tienes que ir.

La ira estalló desde lo más profundo de Sofía. Era insoportable. —¿Acaso le cumples todos los caprichos? ¿Lo que ella diga es ley para ti?

—Por supuesto, Isabel es mi mayor tesoro. Apoyo cada una de sus decisiones.

—¿Y si quiere hacer algo retorcido e inmoral, también la apoyarías?

—Totalmente. Mientras a ella la haga feliz.

A su lado, el rostro rechoncho de Sergio Zambrano se arrugó como una pasa en una gran sonrisa de satisfacción.

—¡Vaya, vaya! —exclamó Sergio—. Joven señor Corona, usted sí que es un romántico empedernido. Su amor por la señorita Molina es digno de una telenovela.

Sergio le pasó el brazo por los hombros a Leandro, y ambos se alejaron juntos.

—Sofía tiene la costumbre de meterse en relaciones ajenas. Le encanta ser la tercera en discordia y robarse a los hombres —declaró Javier con solemnidad.

Lorenzo parpadeó, un poco atónito.

Javier pensó que acababa de quitarle la venda de los ojos a Lorenzo, salvándolo de una mujer tóxica y manipuladora. Así que, sintiéndose como un héroe, continuó soltando la sopa.

—Sofía ha intentado sabotear y meterse en la relación de mis grandes amigos, Isabel Molina y Leandro Corona, en repetidas ocasiones. Esa mujer es retorcida y calculadora. Su plan más largo tomó tres años de preparación, y el más corto ocurrió entre anoche y esta misma mañana. No detallaré lo de anoche, pero de lo que pasó hoy... creo que usted ya está al tanto, señor Lira.

Lorenzo miró a Leandro y a Isabel. Decidió interrogar directamente a los involucrados.

—Por favor, ¿podrían explicarme cómo es que la doctora Valdivia se metió entre ustedes?

Leandro fue directo: —Ella está obsesionada conmigo.

Los ojos rasgados de Lorenzo se abrieron un poco más. —¿Y qué ha hecho exactamente para demostrar esa obsesión?

Leandro empezó a enumerar sus agravios con tono metódico: —Me acosó. Provocó un accidente de auto para obligarme a ir a su clínica. El amor de mi vida es Isabel y estamos a punto de casarnos. Sofía, enferma de celos porque no puede tenerme, atacó físicamente a Isabel. Su jefe incluso tuvo que pagar por un teléfono roto debido a su rabieta. Está loca por mí y no me deja en paz. A cualquier evento al que asisto, ella aparece.

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