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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 123

Sofía cruzó las piernas y tomó pequeños sorbos de té.

Sentada allí, descansaba en silencio.

Leandro manejaba a la niña con una soltura que parecía la de un experto con años de experiencia.

Se sentó con Valentina en brazos y la acomodó sobre sus muslos.

Con una mano grande alcanzó una caja de toallitas húmedas y empezó a sacar una tras otra.

Primero le limpió la boca y la tiró.

Tomó otra para cubrirle la pequeña nariz, enseñándole cómo sonarse.

Sacó una más para limpiarle las mejillas.

Y otra para secarle el sudor de la frente, usando los dedos para apartarle el cabello corto y empapado de sudor detrás de las orejas.

—Valen necesita lavarse el cabello —dijo él con una sonrisa.

Sin detenerse, siguió sacando toallitas para secarle el sudor.

Valentina, con sus mejillas regordetas y redondas, levantó la mirada hacia él:

—Quiero que el tío Leandro me bañe.

A su lado, Isabel, que observaba la escena con una sonrisa de felicidad, interrumpió con un tono empalagoso:

—¿Cómo va a hacer el tío Leandro ese trabajo tan pesado? En casa, la niñera te lavará el cabello y te dará un buen baño.

—¡No, quiero que el tío Leandro me bañe! —replicó Valentina haciendo un puchero, con los ojos llenándose de lágrimas en un instante.

Leandro le dio unas suaves palmaditas en su pequeña y redonda espalda.

—No llores. Si necesitas algo, háblalo bien con nosotros. Comparte lo que sientes para que sepamos qué piensas y podamos ayudarte.

Valentina escondió la cabeza en el pecho de Leandro.

—Tío Leandro... estoy triste.

—Lo sé. El tío sabe que Valen necesita jugar con otros niños. Descansa un par de días, y pronto me haré tiempo para buscarte otro jardín de niños para que vuelvas a la escuela.

En el plato de frutas de la merienda había de todo. Leandro tomó un racimo de cerezas grandes.

La mirada de Sofía siguió su movimiento.

Las cerezas se veían fresquísimas, aún con el tallo y hojas verdes; su color oscuro y brillante indicaba que estaban en su punto de madurez perfecto. Según su amplia experiencia con las frutas, esas debían ser increíblemente dulces y jugosas, de las que se deshacen en la boca dejando un sabor espectacular.

Los labios de Sofía se movieron ligeramente.

En silencio, tomó otro sorbo de té.

Pero Valentina las rechazó.

Empujó la mano de Leandro con un puchero.

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