¿Qué se creía esa mujer?
Isabel saltó de la cama.
Se paró junto a Leandro para proteger con él a su sobrina y luego sacó su teléfono.
Samuel se aprovechaba de que estaba loco para hacer lo que le daba la gana en su propia casa.
Pero ella no se lo iba a permitir.
Al fin y al cabo, ella también era la consentida de la anciana.
Buscó el número de la Señora Solis y estaba a punto de marcar.
—¡Quédate quieta! —gritó Samuel, tirando el tenedor y dando un salto frenético hacia ella.
Le arrebató el teléfono de las manos con un movimiento rápido y, con un giro violento de muñeca, lo lanzó lejos.
No apuntó a la ventana abierta, sino directamente contra el vidrio. El celular golpeó el cristal templado, que estalló en una gigantesca y borrosa telaraña de grietas.
El estruendo hizo temblar la habitación.
Ante tal acto de violencia, Isabel se sintió aún más ofendida; su pecho subía y bajaba agitado.
¡Ya vería!
Si Samuel le causaba el doble de daño, ella se encargaría de recibir el doble de consuelo y apoyo por parte de la Señora Solis.
Corrió hacia la mesita de noche, tomó su segundo teléfono e intentó marcar de nuevo.
Pero esta vez, apenas deslizó el dedo para desbloquear la pantalla, la mano del loco Samuel volvió a extenderse y se lo arrebató con brutalidad.
Lo lanzó con la misma fuerza que el anterior.
Esta vez, el teléfono salió volando por la ventana abierta.
Isabel se quedó petrificada.
¡Era un teléfono de última generación recién salido al mercado!
¡Se lo había regalado Iván Quintana y tenía un enorme valor sentimental!
Recordó cómo, tiempo atrás, había ido de día a la clínica a molestar a Sofía, acompañada de Javier Quintero, logrando que Sofía se ahogara en tristeza al recordar el pasado.
Y cómo, esa misma noche, Iván le había llevado el celular para disculparse con ella.
Usar ese teléfono representaba el placer de saber que Iván había abandonado a Sofía para correr a sus brazos.
El único apoyo que Sofía tenía, Iván Quintana, ahora le era leal y estaba dispuesto a ser suyo.
Eso marcaba la diferencia definitiva entre ellas: Isabel era la reina, rodeada de estrellas que la adoraban, la protegían y la veneraban, mientras que Sofía era la marginada, abandonada por todos, atacada por el mundo entero y completamente sola.
Y ahora, ese teléfono tan importante había sido destruido por el lunático de Samuel.
Con lágrimas en los ojos, miró a Leandro.
No importaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...