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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 139

El baño estaba impregnado de un aromatizante muy concentrado.

El olor fuerte saturaba el estrecho espacio de los lavabos.

La luz era tenue y difusa.

En medio de ese ambiente opresivo, estaba parada una mujer regordeta, con rostro redondo e ingenuo que parecía a la vez infantil y avejentado.

En sus brazos cargaba a una niña preciosa.

Sus grandes ojos brillaban como un manantial claro, fijos en la puerta del baño de hombres.

Eran Celeste y Ana.

¡Ejem!

Julieta se aclaró la garganta.

Al escucharla, Celeste volteó la cabeza.

Las cuatro se miraron frente a frente.

Julieta dijo con una sonrisa: "¡Jejeje! Hola, abuela Celeste, vinimos a pedir disculpas."

Celeste levantó una ceja y abrió los ojos, a punto de reprenderlas, cuando desde el baño de hombres se escuchó la vocecita de Sebastián.

"Abuela, necesito papel."

"¡Oh!"

Celeste dio un respingo, demostrando la ansiedad extrema que sentía al cuidar a los niños.

Se palpó los bolsillos con sus manos regordetas.

Estaban vacíos.

Julieta aprovechó el momento. "Abuela Celeste, nosotras cuidamos a Sebas aquí, ve a buscar papel."

Celeste las miró fijamente, con los ojos llenos de desconfianza.

Julieta soltó una carcajada. "¡Ay, abuelita linda! Somos familia. Es normal que haya peleas, pero una cosa no tiene que ver con la otra. Sebastián y Ana son nuestros hermanitos, jamás les haríamos daño."

Celeste se relajó un poco.

"Entonces no se muevan de aquí. Cuiden bien a Sebas."

"Sí, no te preocupes."

Julieta se ofreció a cargar a Ana. "Déjanos a Ana también. Nosotras la cuidamos para que puedas ir más rápido."

Celeste asintió y bajó a Ana al suelo.

Le acarició el cabello rizado. "Bebé, la abuela va por papel, cuida a tu hermano, vuelvo enseguida."

"Anita, tú quieres que tu mamá sea feliz, ¿verdad? Mi tío se preocupa mucho por ella, la quiere de verdad y desea que vuelva a vivir a casa. Así que en un rato, tú y tu hermano tienen que rogarle a su mamá que regrese con mi tío. Así tendrá a un hombre que la proteja, y tú tendrás a un papá que te cuide. ¿Qué dices?"

Mientras hablaba, Julieta fue acorralando a Ana contra la pared.

El pequeño cuerpo de Ana quedó atrapado en el rincón.

Sin escapatoria.

Hizo un puchero. "Yo... yo haré lo que diga mi hermanito."

Convencer a Sebastián era misión casi imposible. Julieta soltó un bufido de frustración.

"Primero dime si aceptas convencer a tu mamá de que regrese con mi tío."

"No quiero."

"¡Ana!" amenazó Julieta.

Celeste volvería pronto y se le acababa el tiempo.

Esta niñita obstinada no entendía razones.

¡Qué fastidio!

"Te lo advierto," le dijo Julieta, levantando la voz. "Si esta noche no haces un berrinche pidiendo que tu mamá regrese con nosotros, mi tío nunca más los dejará volver. Es su última oportunidad. Si la pierden, jamás podrán pisar nuestra casa otra vez."

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