Después de un forcejeo intenso.
Finalmente, el brazalete entró.
Julieta suspiró aliviada. Aunque la talla era un poco ajustada, al menos habían logrado ponérselo a su tía.
Para que su cumpleaños no tuviera sombras, ella estaba feliz y decidió no criticar más a la señora Campos. El regalo, a fin de cuentas, era satisfactorio.
Con una sonrisa radiante, Selina acarició el brazalete de jade.
—Es que estoy más rellenita, mis muñecas han engordado. Desde que estoy con su tío, me lleva en su auto a comer delicioso todos los días. Almorzamos bien, cenamos bien y encima comemos bocadillos a medianoche. Gasta una fortuna alimentándome cada día.
Le lanzó a Iván una mirada cargada de amor.
Comía de maravilla, no tenía preocupaciones y se pasaba el día entero en la sala de descanso de la clínica haciéndose tratamientos faciales.
Vivía como una reina y había desarrollado una figura más curvilínea y hermosa.
Jimena se apoyó en el hombro de Selina.
—Por supuesto, mi tío te ama, mereces que te dé lo mejor. No como esa Sofía, a quien nadie toma en cuenta y vive como una mula de carga. A veces me levanto al baño en la madrugada y apenas viene llegando de sus trabajos extras; y en la mañana, cuando todos seguimos dormidos, ella ya está de pie preparando el desayuno. Después de servirnos, corre a tomar el metro para ir al trabajo.
»Mi tío le dijo a mi abuela que Sofía almuerza comida rápida y, después de comer, o sale a entregar medicinas a los pacientes, o se va a comprar cosas para sus hijos. Mírala, está tan delgada que parece un palo. No como tú, tía, con una figura envidiable, llena de vida y prosperidad.
Al escuchar la comparación, Selina sonrió encantada.
Pesaba unos kilos más que Sofía.
Sofía tenía el rostro afilado, pero ella lucía radiante y plena.
Su prosperidad dejaba en evidencia la vida de miseria que llevaba la otra.
Miró felizmente a Iván y compartió su reflexión, con una gran sonrisa, a las hermanas.
—Gracias a su tío, desde que estamos juntos, la verdad es que vivo muy bien.
Desde que había conquistado a Iván, su vida había dado un giro radical.
Sus padres trabajaban en el mercado vendiendo verduras, destrozándose la espalda durante más de treinta años para poder pagarle la carrera en una escuela técnica de medicina.
Y aun así, después de graduarse, no lograba encontrar trabajo.
Todo cambió gracias a que conoció a Iván. Después de acostarse con él, el hombre no podía dejarla.
Las tres se quedaron heladas.
¿Qué estaba pasando?
¿No se suponía que Sebastián y Ana estaban abandonados a su suerte, sin atreverse a pedir comida, mirando asustados a su alrededor?
¡Ahora estaban rodeados de gente!
Había adultos entregándoles regalos y otros niños dándoles abrazos.
Coco abrazaba a Ana; las dos niñas tenían sus manitas entrelazadas y reían alegres, como si fueran amigas íntimas que llevaban años sin verse, compartiendo dulcemente sus anécdotas más divertidas.
Sebastián, por su parte, le estrechaba la mano a un niño que llevaba un pequeño esmoquin.
Los dos chiquillos imitaban los gestos de los adultos.
De pie, frente a frente, con expresiones serias en sus guapos rostros, mantenían una conversación.
Y la señora Campos estaba inclinada, tomándoles fotos a todos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...