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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 178

Cuando la risa de Isabel por fin se calmó y se estabilizó en su supuesto mar de felicidad...

Giró la mirada.

Le lanzó a Sofía una expresión de pura arrogancia que gritaba: '¿Ya viste lo importante que soy?'.

Gracias a esa atención especial, Sofía se convirtió al instante en el centro de todas las miradas.

Toda la familia Corona la observaba, los padres de Isabel la observaban, y hasta la Señora Solis y sus distinguidos acompañantes posaron sus ojos en ella.

Sofía ignoró a todos los demás.

Clavó su mirada en quien ella consideraba el hombre con más autoridad en el salón: Arturo Corona.

Arturo siempre había sido un hombre frío, que solo se movía por intereses y negocios.

En el pasado, cuando Cristina empezó a hablarle maravillas de la familia Molina y mencionó a Isabel, la reacción de Arturo fue furiosa. Con el rostro oscurecido de ira, le había gritado: «¿Quieres que mi hijo cometa mis mismos errores? ¡Los Molina no son nadie! ¡No están a la altura de Leandro!».

Fue únicamente la obsesión de Cristina por Isabel lo que cambió las cosas.

Su esfuerzo constante.

Invitando a Isabel a la casa a la menor provocación...

Pero esa noche, la actitud de Arturo Corona era sorprendente.

Lo normal en un evento de compromiso era que la familia del novio entregara todos los obsequios en un solo bloque. Sin embargo, claramente había cedido a los caprichos de su esposa y decidió entregar cada regalo de manera individual, dejando más que claro el estatus y el inmenso valor que le otorgaban a Isabel.

Sofía no le quitaba la vista de encima.

Arturo, con una mirada imponente y la postura de un verdadero líder, tomó el micrófono para dar un discurso y sellar el momento con autoridad.

—Isabel Molina es una mujer excepcional. En casa es dulce, comprensiva, y sabe cuál es su lugar. Afuera, es una profesionista brillante, valiente y emprendedora, cuya carrera refleja su inteligencia y carisma ante los ojos del mundo. Todos en la familia Corona le abrimos las puertas con orgullo. Ella merece todo esto, y es nuestro deber recibirla con los honores más altos.

En otras palabras, la traducción era: Isabel no solo ama a Leandro y lo trata como a un rey, sino que es una mujer exitosa, famosa y respetada, por lo tanto, sí es digna de la familia Corona.

Y lo peor de todo, es que Arturo dijo esas palabras sin apartar la mirada de Sofía.

Por supuesto, todos los presentes entendieron la 'indirecta'.

Los más astutos aprovecharon el momento para soltar risitas sarcásticas y lanzar miradas cargadas de desprecio hacia Sofía.

Por su parte, los padres de Isabel no cabían en sí de la emoción; el salón se llenó con sus discretas risas de triunfo.

La Señora Solis, contagiada por el ambiente festivo, no pudo evitar sumarse a los elogios.

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