Jacinta le ordenó a las dos jóvenes empleadas que salieran de la habitación.
Acostada en la camilla, miró a Sofía con ojos fríos y calculadores. —No creas que por haberme salvado la vida te voy a estar agradecida.
¿Qué?
¿Qué acaba de decir?
Sofía pensó que tenía un problema en los oídos al escuchar semejante descaro.
Jacinta se lo aclaró en la siguiente frase: —Yo soy fiel a la señora Cristina. Estoy firmemente de su lado y le guardo lealtad absoluta. Me salvaste, sí, pero eso no significa que voy a ayudarte en lo que sea que estés planeando. No uses esto como moneda de cambio para esperar favores míos. Nunca seremos aliadas. Que te quede muy claro.
Y por si fuera poco, enfatizó: —Más te vale entenderlo de una vez.
Básicamente, le estaba diciendo que se largara.
Si Sofía creía que quedándose allí iba a sacarle más información, estaba soñando.
Ya estaba fuera de peligro.
Ya no necesitaba a Sofía.
Ya no podía ser manipulada.
En cuanto a lo que había confesado en el jardín, simplemente lo negaría todo.
Todo había ocurrido en medio de la noche, solo ellas dos estaban presentes. Para rematar, las cámaras de seguridad llevaban días arruinadas desde el incendio en El Salón Ancestral.
Si ella lo negaba a muerte, ¿qué podría hacer Sofía?
Sin pruebas, ¿qué podía hacerle?
La señora Corona la tenía en la palma de su mano.
Y Sofía nunca podría escapar de las garras de la señora Corona.
Incluso si el plan de esa noche había fracasado y Sofía seguía viva, a la señora siempre se le ocurriría algo más.
Sofía no pensaba rogarle. —Entonces, Jacinta, ¿me estás diciendo que ya no necesitas que te acompañe?
Jacinta frunció el ceño con desprecio. —¡Exacto! Lárgate ya.
Una hora después de que Sofía se fuera.
Entró una llamada de Cristina Montero.
Emocionada, Jacinta contestó y lo primero que hizo fue reafirmar su lealtad.
—¡Señora! En cuanto llegamos al hospital corrí a Sofía de la habitación. Pinté mi raya con ella. Quédese más que tranquila, jamás me haré su amiga. Siempre estaré de su lado, en las buenas y en las malas.
La voz de Cristina sonaba cargada de pánico: —¿Me estás diciendo que Sofía... ya se fue?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA