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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 203

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Esa noche fue compleja y cargada de emociones.

Incluso Arturo Corona, que rara vez pasaba la noche en casa, regresó.

Sin avisar a nadie, entró con su clásico traje de tres piezas, trayendo consigo el aire helado de la calle, y se sentó con firmeza en el sofá.

Esperando a que vinieran a recibirlo.

Cristina Montero bajó las escaleras luciendo un vestido elegante, cubierta con un chal de cachemira color café oscuro.

Inclinó la cabeza hacia la izquierda, observando al hombre mientras intentaba complacerlo.

"¿Ya regresaste, Arturo?"

Eran las doce de la noche, regresaba sin hacer ruido.

Obligando a los demás a salir de la cama para recibirlo.

Estaba furiosa, pero no se atrevía a decir nada.

Arturo mantuvo su habitual rostro inexpresivo, y lo primero que salió de su boca fue un regaño: "¡¿Tú llamaste a la policía?!"

"Sí", Cristina se ajustó el chal y se sentó al otro lado del sofá.

"¡Qué atrevimiento! ¡Hasta te atreviste a involucrar a los altos mandos del gobierno!"

Cristina esbozó una sonrisa nerviosa. "Estás tan ocupado, solo quise organizar un poco las cosas para quitarte un peso de encima".

Sin importar lo pésimo que fuera su matrimonio o lo mucho que él la menospreciara, Rosa Corona era hija de los dos; llevaba en sus venas la mitad de la sangre de su padre.

Su hija había muerto, era imposible que como padre no sintiera nada.

Cristina tiró ligeramente de su chal.

Y notó cómo el rostro rígido de Arturo se relajaba un poco.

"Mantente atenta, quiero que ese caso se cierre pronto", dijo, expresando su deseo, pero sonando como una orden.

"De acuerdo".

"¡Mujer ignorante, torpe e inútil!"

A Cristina le tembló un poco la comisura de los labios.

Arturo continuó con su reprimenda. "Esa Sofía Valdivia, una simple cualquiera de la calle, ¡y tú le das tantas vueltas sin poder deshacerte de ella!"

"Yo..."

"¡Débil de carácter, dudando en todo, ya me tienes harto!"

"..."

Arturo miró a su hijo y le preguntó: "¿En qué etapa va lo de tu empresa médica?"

Hacía tres años, Leandro había propuesto el plan de expandir el imperio de la familia a Rosarito.

Tras mucho esfuerzo, logró convertir a Isabel, una desconocida, en una estrella de la industria del entretenimiento. Hoy, su fama resonaba en los círculos más altos de Rosarito, y su influencia servía como la mejor carta de presentación para la familia Corona.

Cada vez que iba a una cena de negocios y mencionaba a su nuera, Isabel Molina.

Los grandes empresarios primero elogiaban a la reina de la televisión y luego se apresuraban a hacer negocios con él, con total humildad y cortesía.

La primera fase del plan de negocios de Leandro había sido un éxito rotundo.

Hace poco, inició la segunda fase, apostando por el sector médico para entrar en la industria de bienes de primera necesidad.

Arturo estaba totalmente de acuerdo.

Los tiempos cambiaban rápido, cualquier negocio podía enfrentar el declive, las pérdidas o la bancarrota. Pero la industria médica, si se hacía bien, garantizaba una prosperidad eterna.

Especialmente en los últimos años, con tanta contaminación y problemas con los alimentos, surgían enfermedades de todo tipo.

Era un proyecto de inversión excelente.

Leandro le explicó cada detalle: "Hemos estado en contacto con varias empresas farmacéuticas tradicionales, pero carecen de innovación y no logran seguirle el ritmo a la industria".

"Ya hice los arreglos para adquirir la antigua Génesis Médica".

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