—Así es.
—¿Sofía sabe que lo quieres?
—Lo sabe.
—¿Y ella estuvo de acuerdo en que vinieras a pedírselo a Karina?
Leandro apretó los dientes. —Ella no sabe que vine a buscarla, pero si lo supiera, no estaría de acuerdo.
Samuel soltó una carcajada sarcástica. —Entonces, ni lo sueñes.
El sonido de unos pasos alejándose resonó en sus oídos.
—¿Te vas así nada más? —preguntó Leandro.
Samuel le dio la espalda. —Mi mujer vino a un chequeo. Su historial está en el auto, iré a buscarlo.
—Sobre la medicina, no me has dado una respuesta satisfactoria.
Samuel fue tajante: —No te la daré.
Leandro soltó un bufido de frustración. —Samuel, tú sabes por qué no puedo ver.
—Leandro, no esperes compasión de mi parte. Yo soy un desalmado. Además, lo que estás viviendo hoy te lo tienes bien merecido. ¡Sufre las consecuencias!
Samuel se alejó.
El aire se volvió tenso y asfixiante.
El guardaespaldas, que escuchó todo sin entender mucho, preguntó con cautela: —Señor Corona, ¿quiere que busque a la señorita Karina Vega?
Leandro, abatido, suspiró. —Olvídalo.
Apenas terminó de hablar, una figura llamó la atención del guardaespaldas.
—Señor, acabo de ver a Hernán Salinas. No sé qué haya pasado hoy, pero el joven Hernán, que casi nunca se deja ver, también vino al hospital.
Encontrarse al mismo tiempo con el loco de Samuel y con el excéntrico de Hernán Salinas le pareció muy extraño a Leandro.
Él y Hernán eran prácticamente enemigos mortales.
Pero en ese momento no tenía ni el ánimo ni la energía para pelear.
—Vámonos —ordenó.
El guardaespaldas empujó la silla de ruedas. Al pasar por el Consultorio 11, vieron a Hernán arrastrando a una mujer a la fuerza.
—¡Suéltame! —se resistía ella.
Se paró de puntillas y golpeó los hombros de Hernán. —Suél... tame...
Mmh...
Esa débil y lamentable voz fue devorada por el profundo beso de Hernán.
Karina jamás imaginó que Hernán pudiera ser tan salvaje. Él selló sus labios por completo, mordisqueando y succionando con una avidez desenfrenada. A pesar de lo caótico y desordenado que fue al principio, terminó besándola con una fluidez asombrosa.
Si Hernán no hubiera elegido a Renata, abandonándola a su suerte...
Con ese beso tan apasionado, ella habría creído que todos sus años de sacrificio por fin habían tocado el corazón de Hernán. Habría pensado que él al fin veía lo buena que era, que la había dejado entrar en su alma y se había enamorado perdidamente de ella.
Ese beso voraz demostraba cuánto la deseaba.
Pero, en cambio, solo revivió en ella el dolor que él le había causado.
Tomando aire, cerró los puños. Cuando la lengua de Hernán se abrió paso de manera frenética, Karina juntó los dientes de golpe y le mordió con fuerza. La punta de la lengua de él tembló de dolor entre sus dientes.
Hernán se detuvo.
Ella aflojó la mandíbula y él retrocedió, con la lengua herida.
Sus ojos enrojecidos brillaron con una locura manchada de deseo. La miró desde arriba y, apretando los dientes, le exigió: —Tú... ¿me extrañaste?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...