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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 33

Su mundo entero se resquebrajó.

Nunca había imaginado que una persona pudiera ser tan cínica como para engañar, mentir, revolcarse con otra y, al mismo tiempo, decir "te amo" con tanto descaro.

Sofía tragó saliva con dificultad.

Dejó escapar una risa amarga.

—Iván, soy una mujer divorciada con dos hijos, tengo muy claro cuál es mi situación. Nunca esperé que me amaras y tampoco te exigí amor.

—Yo solo buscaba... estabilidad.

—Cuando mi abuelo estaba a punto de morir, yo estaba embarazada y escapé de la muerte por un milagro. Sufría dolores insoportables, sangraba y tenía una herida grave en la cabeza. Necesitaba un lugar seguro para recuperarme.

—Llevar ese embarazo múltiple fue una pesadilla... y al final, perdí a dos de mis bebés.

Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Sofía.

Solo recordar aquel momento le partía el alma en mil pedazos.

—Solo me quedaron dos hijos, e incluso ellos nacieron prematuros, frágiles y con problemas de desarrollo.

—Necesitaba desesperadamente un ambiente seguro para criarlos.

—Por eso aguanté de todo. Fui fuerte, soporté todo sin quejarme. Trabajé de sol a sol a tu lado, dándolo todo.

—Todos los días atiendo a más de cien pacientes, prescribo tratamientos y recetas naturales, y genero cientos de miles de pesos mensuales para la clínica. Con ese dinero que gané con mi sudor y sangre compramos esta casa y ese auto, ambos a tu nombre. Por si fuera poco, mantengo a tus padres y a tus sobrinas.

—Y tú te gastas mi dinero, manejas el auto que yo pagué y te paseas con tu amante dándote la gran vida.

—Y a pesar de todo, nunca te dije nada.

—De corazón, solo quería que fueras feliz.

—Pero hoy... cruzaste la línea. Te aliaste con mis enemigos, te uniste a esa víbora de Isabel Molina y a su grupito, siendo su cómplice para humillarme y destruirme.

—¡Nos arrebataste a mí y a mis hijos la única y mísera paz que teníamos!

Su rostro estaba empapado en lágrimas.

Levantó la mano y se las secó con brusquedad.

Apretó el puño húmedo y clavó en Iván una mirada feroz: —¡Te juro, Iván Quintana, que de ahora en adelante somos enemigos jurados!

Sofía, quien siempre había sido dócil y pacífica, acababa de desatar toda su furia.

Iván, evidentemente asustado por su reacción,

frunció el ceño y comenzó a pedir perdón con desesperación.

—¡Sofí, perdóname! Te fallé. Fallé en mi deber de protegerlos.

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