A un lado, Leandro exclamó: "A estas alturas, todavía te preocupas por la persona que te lastimó."
Isabel se mostró avergonzada.
"Lo siento mucho, Sofía, el amor es egoísta. Leandro y yo solo podemos... desearte lo mejor, ojalá que tú también encuentres tu propia felicidad."
Ambos abrieron la puerta y salieron.
Sofía se quedó sentada en silencio, mirando por la ventana.
Su teléfono vibró en su pequeño bolso y lo sacó.
Era Iván Quintana.
[¡Hola, Sofí!]
Quizás se asustó por su intención de separarse la noche anterior.
Hoy su tono era muy dulce, llamando su nombre con un tono meloso.
[¿Qué pasa?]
Iván: [¿Dónde estás?]
Ella no iba a decirle que estaba en la casa de la familia Solis, trabajando en un empleo de medio tiempo que le dejaba millones al año.
Desde que siguió a Iván hacia el norte y notó su "rechazo", se había dedicado cada día a asegurar el futuro de sus hijos.
Al principio, consiguió la oportunidad de tratar a la señora Solis gracias a una enfermera que la ayudó a contactarla. Esa enfermera trabajaba haciendo esfuerzo físico constante, por lo que sufría dolores de espalda y piernas; al escuchar de una amiga que la acupuntura de la Doctora Valdivia en la Clínica Serenidad era excelente, fue a un par de sesiones. Al ver que realmente funcionaba, guardó el contacto de Sofía.
Fue así como Sofía logró firmar un contrato de servicios privados con la familia Solis, trabajando horas extras durante los días festivos y las noches.
Con el salario de dos años de su trabajo a tiempo parcial, ya había logrado comprar una casa de tres pisos en una zona residencial.
En el patio delantero, había diseñado una pequeña área de juegos para los niños, con resbaladillas.
En el patio trasero, había un pequeño estanque rodeado de un jardín donde podía plantar flores, cultivar vegetales y criar gallinas.
La nueva casa ya estaba completamente remodelada.
Le respondió brevemente a Iván: [Hoy es sábado. Trabajé horas extras en la mañana y salí por la tarde para mi otro trabajo, estoy en la casa de un paciente con cáncer.]
Iván: [Has trabajado muy duro.]
[Es lo que me corresponde.]
Iván, por supuesto, sabía que ella tenía que matarse trabajando.
También le gustaba verla esforzarse así.
Él controlaba los ingresos de la clínica; a menos que le depositara dinero por iniciativa propia, ella jamás se lo pediría.
Sofía sabía perfectamente que lo habían amenazado Leandro e Isabel para que la echara de la clínica.
Había perdido su empleo, la habían dejado en la calle.
Aun así, fingió estar agradecida.
Le dio las gracias con docilidad.
[Gracias, Iván, eres muy bueno conmigo.]
Iván: [Mientras no estés enojada conmigo, todo está bien. Vuelve temprano a casa cuando termines.]
[De acuerdo.]
Guardó el teléfono y se arregló el uniforme exclusivo de asesora de salud.
Llevaba una falda tubo con un elegante acabado de satén blanco perlado, que resaltaba a la perfección el porte distinguido y el profesionalismo digno de los empleados de una familia de alcurnia.
Caminó de regreso hacia donde estaba la señora Solis.
A lo lejos, vio a Isabel apoyada en el regazo de la anciana.
La mujer tenía los ojos rojos y llorosos, y movía los labios quejándose de algo.
Cuando la señora Solis vio a Sofía, su expresión cambió. Con el rostro sombrío, le reclamó: "Doctora Valdivia, ¿usted ofendió a mi Isa?"

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...