Silas se acercó caminando a zancadas con sus largas piernas.
—Mejor contratémosle un maestro de etiqueta para que le enseñe modales desde cero.
Josefina intervino rápidamente para detenerlos.
—No le exijan tanto a su hermana desde el primer día. Acaba de regresar, creció en un ambiente diferente y tiene otras costumbres. Ténganle paciencia, poco a poco irá aprendiendo.
Apresuradamente, cambió de tema.
—Bajemos ya, la cena está a punto de servirse. Hoy quiero que todos acompañen a Sofía, es su primera comida en casa.
Clara bufó con fastidio.
—Yo ya tengo planes. Con permiso.
—¡¿Qué?! ¿Clara?
—¡No me hagas chantaje emocional, mamá! Mis amigas organizaron esta reunión antes de Año Nuevo. El marido de mi amiga estaba de viaje de negocios y por fin regresó, la cena se pospuso para hoy y no puedo faltar.
Sin importarle la reacción de los demás, se echó su cabello ondulado hacia atrás y comenzó a caminar hacia la salida.
Silas juntó las manos a modo de disculpa.
—¡Lo siento, yo también tengo planes!
Alcanzó rápidamente a Clara.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—Cambiarme de ropa y salir —respondió Clara apurada.
—¿De quién es la fiesta de hoy?
—De Isa.
—¿Isabel Molina?
—Sí.
—Esa corporación farmacéutica suya es un completo desastre últimamente, ¿y todavía tiene ganas de salir de fiesta?
—¡Bah! Mi amiga está en su mejor momento. Está embarazada de gemelos y su esposo la consiente como si fuera una diosa intocable.
El esposo de Isabel era Leandro Corona. Todo el mundo sabía quién era él: el poderoso heredero de la familia Corona, la dinastía dominante de Ciudad del Mar.
Por muy mal que le fuera a Isabel en los negocios, con el respaldo económico de un hombre como ese, le sobraba el lujo para derrochar.
Silas preguntó con curiosidad:
—¿Y quiénes más van a ir?
—Isa, su marido, Gael Guerrero, Joaquín Góngora, Elena Mesa, Sasha...
Al escuchar que irían personas de su interés, Silas se animó de inmediato.
—Me apunto, yo también voy.
Fue como recibir un balde de agua fría de la nada. Sofía se sintió profundamente afectada por el rechazo evidente de ambos.
Sin embargo, Josefina, viendo cómo se alejaban, intentó consolarla.
—Tus hermanos son personas muy directas e impulsivas. Hablan sin pensar, pero en el fondo tienen un buen corazón. No te tomes a pecho sus comentarios.
Sofía bajó la mirada.

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