En aquella noche donde el viento helado aullaba, Sofía corrió bajo la luz de las farolas persiguiendo al hombre.
—Lorenzo, espera...
El hombre, que ya caminaba por el jardín, detuvo sus pasos.
Se giró y, asumiendo lo peor, soltó:
—Apenas llegaste a casa y saliste corriendo. ¿Ya salieron los resultados de la prueba de paternidad?
Sofía, jadeando, asintió.
—Sí.
Sin detenerse a recuperar el aliento, le explicó todo de manera proactiva.
—Ya está confirmado. Soy la hija menor de los Salinas. Hace veinticuatro años, Carlos Salinas ordenó que me sacaran de la casa para poner a la hija de su amante en mi lugar.
Lorenzo entrecerró los ojos.
—¿Lilia... es una hija ilegítima? ¿Y fue tu propio padre quien organizó el intercambio?
—Sí.
—¿Y cómo te fue hoy con ellos? ¿Te trataron bien? ¿Hablaron de qué van a hacer con Lilia?
Sofía contuvo las lágrimas que amenazaban con salir.
—Todo fue horrible.
Lorenzo la miró por un segundo.
—¿Entonces qué piensas hacer?
—No espero nada de esa familia. Voy a planear todo fríamente, enfocarme en obtener el mayor beneficio posible y recuperar lo que es mío.
Lorenzo torció los labios en una sonrisa amarga.
—El título de genio comercial de Leandro Corona no es un mito. En un par de minutos te enseñó todo lo que tenías que saber.
—¡Lorenzo! Por favor, háblame bien, no uses ese tono sarcástico conmigo.
Lorenzo borró la sonrisa.
—¿Acaso me equivoco?
—Es cierto que Leandro me dio algunos consejos, pero la forma en la que me hablas me lastima.
¡Ja!
Lorenzo soltó una risa seca.
¿Acaso él no era humano? ¿Acaso a él no le dolía?
Los descubrió encontrándose a escondidas en El Bambusal, y ella ni siquiera se molestó en darle una explicación.
Llevaban días sin hablarse, y ahí estaba él, volviendo a buscarla como un idiota arrastrado.
¿Y qué se encontró?
A Leandro Corona arrodillado frente a ella, jurándole amor eterno.
Y Sofía ni se apartaba ni lo evitaba. ¿Acaso eso no era darle esperanzas a Leandro?
Si Leandro estaba a punto de recuperarla, ¿entonces qué lugar ocupaba él, Lorenzo Lira?
Sofía intentó justificarse.
—Pasaron unas cosas en el club esta noche. No tenía idea de que Leandro me seguiría. Que me acorralara fue solo un accidente.
—Que te acorralara fue un accidente, claro. Pero que se arrodillara rogándote volver pasó frente a tus narices. ¿Por qué no lo detuviste?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...