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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 135

Magdalena pensó que era Kevin Lira, pero se sorprendió al ver al amigo inversionista de Leandro León, el que lo había acompañado en la fiesta de inauguración.

—Hola, la señorita Jurado, ¿verdad?

Aunque desconcertada, Magdalena respondió con cortesía: —Hola.

Al ver su reacción, el hombre supo de inmediato que ella no le había prestado la más mínima atención la última vez, así que cerró la puerta tras él.

Magdalena frunció el ceño; el olor empalagoso del perfume del hombre inundó el ambiente.

Él deslizó una tarjeta de presentación sobre el escritorio, y junto a ella, una rosa.

—Soy el señor Gutiérrez. Vi esta rosa de camino hacia acá y pensé que combina perfectamente con usted.

Dada la naturaleza de su trabajo, Magdalena había conocido a todo tipo de personas.

Sabía perfectamente qué significaba esa sonrisa cínica y coqueta.

Además, nadie en su sano juicio llevaría una rosa a una reunión de negocios.

Con la excusa de ir a servirse agua, Magdalena abrió la puerta de su oficina de par en par.

Él arqueó una ceja y sonrió: —Vaya, sí que está a la defensiva, señorita Jurado. Solo soy un admirador del talento y la inteligencia. Vine a saludarla especialmente después de charlar con el Director Lira.

Estaban en la empresa y la oficina de Kevin Lira estaba a solo una pared de distancia.

No había peligro alguno.

Magdalena no sentía miedo, solo una profunda molestia.

Especialmente cuando el hombre sacó una cajetilla de cigarros y, sin pedir permiso, encendió uno y empezó a fumar.

De pronto, recordó la forma en la que Federico fumaba.

Él tenía muchísima más clase.

Además, jamás fumaba en espacios cerrados que no fueran un área para fumadores. Incluso en casa, siempre salía al balcón.

El hombre, creyéndose muy atractivo mientras soltaba humo por la boca, le ofreció: —¿Gusta probar uno? Es un cigarrillo con cápsula de coñac.

Probablemente estaba demasiado acostumbrado a tratar con las aspirantes a estrellitas de la industria.

Creyendo que bastaría con tronar los dedos para que Magdalena se arrojara a sus brazos.

Para su sorpresa, Magdalena abrió las ventanas y lo rechazó fríamente: —Lo siento, señor Gutiérrez, pero no fumo. Dígame, ¿en qué le puedo ayudar?

Él sonrió y respondió: —Vera, siempre he admirado a las mujeres talentosas. Me enteré de que acaba de conseguir el papel protagónico en una nueva serie.

La recorrió con la mirada de arriba a abajo.

Su sonrisa se ensanchó: —Tengo mucho interés en el arte y pensaba hacer una inversión en ese proyecto, solo para ver cómo va. Si en el futuro la señorita Jurado tiene ganas de seguir actuando...

Magdalena captó la indirecta.

Ese hombre tenía intenciones bastante turbias.

Magdalena, por supuesto, estuvo de acuerdo. De todos modos, no tenía ninguna intención de relacionarse con alguien de esa calaña.

Al verlo tan preocupado, intentó cambiar de tema a propósito: —¿Celeste ya va a volver de su viaje?

Kevin soltó una pequeña sonrisa: —Sí, esa mocosa de Celeste por fin se graduó. Justo antes de volver me estaba hablando de ti.

Celeste Lira era la hermana de Kevin.

Se conocieron cuando Celeste fue a buscar a su hermano a la escuela y, de manera imprevista, le bajó el periodo.

Se había quedado atrapada en el baño, casi a punto de llorar.

Magdalena se enteró de lo sucedido y corrió a llevarle toallas sanitarias, además de prestarle un cambio de ropa limpia.

—¿Cuándo llega? Iré a recogerla.

Kevin negó con la mano: —No te preocupes, gran estrella. Sería un lío si te rodean los fans. Mejor voy yo solo.

Unos días después, Celeste regresó al país, y Magdalena recibió una invitación para un evento de negocios.

Iba en representación de Auge Media.

Si Magdalena hubiera sabido que aquel señor Gutiérrez era uno de los organizadores, jamás habría asistido.

Pero cuando llegó al lugar, ya era demasiado tarde.

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