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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 139

No sabía si debía empezar a gritar o repetir los mismos forcejeos de antes.

Si con el otro hombre había sentido terror y pánico...

Ahora solo sentía una inmensa injusticia y resentimiento.

Magdalena y Federico se habían tratado con cortesía distante durante tres años; su relación jamás pasó de ser la de unos simples socios.

Cuando ella más enamorada estaba de él, sí lo había deseado.

Pero ahora, no le daba la gana.

Mucho menos después de haberlo escuchado decir el nombre de otra mujer al entrar a la habitación.

Magdalena se negaba rotundamente a ser un premio de consolación o un reemplazo.

Y mucho menos quería complicar más las cosas.

—¡Federico, suéltame!

Después de vivir dos situaciones iguales en una misma noche, estaba agotada.

Aún así, intentó defenderse.

Tiró golpes, patadas, y usó las rodillas para tratar de alejarlo.

—¡Déjame en paz!

Y la situación escaló a otro nivel.

¡Plaf! Le dio una fuerte y sonora bofetada a Federico.

Había puesto todas sus fuerzas en ella.

Sobre la piel enrojecida de su cara se marcaron claramente los cinco dedos de su mano.

Era fácil imaginar la potencia de aquel golpe.

Federico se detuvo y se rozó levemente la mejilla ardiente con los dedos.

Entrecerró los ojos.

Su mirada era la de un depredador feroz contemplando a un conejo que se debate bajo sus patas.

No sintió dolor; al contrario, le pareció que Magdalena se veía increíblemente hermosa cuando estaba enojada.

Aquel golpe no hizo más que avivar un extraño cosquilleo en su pecho, como las garras de un gato arañándole el corazón.

Magdalena se dio la vuelta dispuesta a huir.

Pero él volvió a atraparla.

La diferencia de fuerza física era un abismo infranqueable, y todos sus forcejeos resultaron inútiles.

La cabeza de Federico chocó contra una lámpara colgante.

Las sombras comenzaron a bailar, estirándose y encogiéndose al compás del movimiento.

La luz era de un tono amarillo cálido.

Al reflejarse en los cristales empañados por la humedad, el juego de luces y sombras parecía cobrar una textura casi palpable.

Los sentidos de él se intensificaron a niveles inimaginables; sentía un deseo arrebatador que jamás había experimentado.

Una sensación que ni siquiera había sentido con Anaís, ni con ninguna otra persona.

Pero Magdalena lo tenía muy claro.

Aquel repentino arrebato de Federico no nacía del amor, ni mucho menos de la ternura.

Era simplemente un impulso biológico desatado por algún accidente.

El corazón de su esposo le pertenecía a otra mujer, al igual que esa intimidad que ella nunca había logrado rozar.

Capítulo 139 1

Capítulo 139 2

Capítulo 139 3

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