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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 199

Ahora, solo quedaba un solitario '03'.

¿Acaso esa cosa era tan importante para ella?

—La última vez te lo pregunté y no me respondiste, ¿para qué es esto?

Magdalena también desvió la mirada hacia allí.

Un atisbo de melancolía apareció en su pecho.

Se inventó lo primero que le vino a la cabeza:

—¿Nuestro aniversario de bodas?

—¿De verdad?

Federico lo meditó un instante y no indagó más.

Después de todo, él tampoco recordaba la fecha exacta; ya le diría al Secretario Yáñez que comprara algún regalo.

Al ver su expresión de supuesta comprensión, Magdalena sonrió en silencio.

Seguramente él no recordaba que el día de su aniversario fue el mismo en el que fue a recoger a Anaís al aeropuerto, convirtiendo la llegada en tendencia de internet.

Ese día, ella lo esperó por horas en un restaurante.

Y al final, él la dejó plantada.

Magdalena se quedó sin palabras por un segundo y luego preguntó:

—¿Necesitas algo más?

Federico apretó los labios.

Su idea original era pedirle que regresaran juntos a la mansión familiar.

Pero cuando las palabras estaban a punto de salir, cambió de parecer.

Solo había pisado ese departamento dos veces, y en ambas ocasiones fue por motivos específicos; nunca había sido invitado por iniciativa propia.

Ni siquiera él entendía qué pasaba por su propia cabeza en ese momento.

Simplemente sentía una especie de rechazo hacia todas las cosas que rodeaban a Magdalena en ese lugar, porque sentía que no tenían absolutamente nada que ver con él.

Hizo una pausa y preguntó:

—¿Pido algo de comer?

Eso la descolocó por completo.

Por el tono en que lo dijo, ¿el gran presidente Suárez quería quedarse ahí?

Durante sus tres años de matrimonio, rara vez volvía a la casa que compartían.

Aquella mansión fría siempre había carecido de cualquier calor humano.

Y a él, Magdalena casi nunca lograba localizarlo.

No tenía permitido buscarlo en la oficina.

Y si quería llamarlo por teléfono, tenía que pasar por varios filtros primero.

Estaba a punto de negarse cuando el celular de Federico comenzó a sonar.

Era Anaís.

Magdalena bajó la vista y le dio una ojeada rápida:

—Contesta.

Tal como lo esperaba, Federico cruzó un par de frases con la persona al otro lado de la línea.

Tras colgar, cambió de opinión de inmediato.

—Tengo algunos asuntos pendientes hoy...

Magdalena apoyó ambas manos sobre la mesa, inclinó ligeramente la cabeza y le dedicó su sonrisa más gélida.

Era la misma expresión que tendría la empleada de una boutique de lujo mirando a un cliente vestido con ropa de mercadillo.

—¡¿Por qué la tormenta no se la llevó?! ¡¿Por qué no tuvo un accidente en la carretera?!

—Todo es culpa de ella, por eso a mí me...

Anaís cortó sus palabras de golpe y se tocó el vientre abultado.

—¿Con qué derecho le va tan bien?

Valentina, al verla tan desquiciada, negó con la cabeza:

—Tranquila, Anaís, mantén la calma.

Anaís abrió sus grandes y oscuros ojos de par en par.

—¡Mamá, dijiste que encontrarías la manera de hacer que se divorcien! ¡Y a ese bastardo que lleva en el vientre también lo quiero muerto!

Valentina le extendió su propio celular.

—Mira esto.

Anaís miró la pantalla un instante:

—¿Una vacante en Auge Media?

Valentina asintió suavemente.

—Puesto de asistente. Si te fijas bien en el encargado de entrevistas, es la señorita Sara.

—Entonces, ¿es para buscarle asistente a Magdalena?

Valentina fue a abrir la ventana.

Y esbozó una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

—Una asistente, ¿no? Alguien que se encarga de cosas como su comida y su agua. Con un solo descuido, provocarle un aborto sería de lo más sencillo del mundo.

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