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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 200

A la mañana siguiente, Magdalena decidió ir a la oficina.

Antes de salir a inspeccionar el proyecto, Sara ya había publicado la vacante a través de Recursos Humanos.

El puesto de asistente personal era sumamente importante.

No solo debía tener disponibilidad para viajes y turnos irregulares, sino también saber mantener la boca cerrada y llevarse bien con el artista.

De lo contrario, trabajar juntos a la larga sería un martirio para ambas partes.

Magdalena se sentó en el sofá abrazando su termo, repasando los currículums.

—Después de las entrevistas, hay que hacerles una buena revisión de antecedentes.

Conocía historias de otras estrellas que, al contratar asistentes, terminaban llevándose a fanáticos obsesionados por error.

Y en los casos más graves, hasta habían metido a detractores de la competencia a sus equipos.

El resultado: la celebridad casi termina en una tragedia porque la drogaron antes de un evento.

Sara no podía estar más de acuerdo:

—Por supuesto, especialmente ahora que estás embarazada. Es preferible elegir a alguien sin tanta experiencia y enseñarle desde cero, a dejar que alguien malintencionado se infiltre en el equipo.

Al finalizar la ronda de entrevistas, había dos opciones viables.

Una tenía mucha experiencia, sabía cómo tratar a los demás y ya había trabajado con otras celebridades.

La otra era una chica recién graduada de la universidad, parecía no tener nada de experiencia, pero se le veía genuina, dispuesta a trabajar duro y sin problemas para viajar.

Magdalena asintió.

—Investiguemos a ambas; si no hay problemas, tomaremos la decisión.

Las empresas de la industria tenían mecanismos muy precisos para las investigaciones de antecedentes.

Sara obtuvo los resultados ese mismo día por la tarde.

Abrió la puerta de la oficina de Magdalena de golpe.

—¡Qué bueno que lo revisamos! ¡Esa asistente con tanta experiencia tiene conexiones con Anaís y su madre!

Magdalena metió de inmediato ese currículum en la trituradora.

—Entonces contratemos a la jovencita.

La joven se llamaba Tania y, haciendo honor a su aspecto, era una chica de modales muy suaves y tranquilos.

Pero le cayó muy bien a Magdalena.

El día que Natalia se apareció armando un escándalo, Tania estaba justo al lado de Magdalena.

—¡Magdalena! Hija ingrata, ¡hiciste que la policía arrestara a tu padre! ¡Ya verás, te voy a exponer con la prensa!

Magdalena atrapó a Tania justo antes de que cayera tras ser empujada por el forcejeo.

Natalia intentó abalanzarse sobre ella de inmediato, pero fue rápidamente contenida por los guardaespaldas.

Últimamente Magdalena nunca salía sin seguridad personal.

Si Gael la encontró vulnerable aquel día, fue porque ella no tenía planeado salir.

—Mamá, estamos en la empresa. Por mucho escándalo que hagas, esto no saldrá en las noticias.

Al principio, Natalia pataleó y gritó a los cuatro vientos, pero al ver que Magdalena se mantenía impasible, optó por cambiar su estrategia y empezó a suplicar.

A Magdalena le dolía en el alma ver a su madre en esa situación.

Pero sabía muy bien que no podía doblegarse.

Una vez que se llevaron a Natalia a la fuerza, Tania comentó asombrada:

—Maestra Jurado, es usted increíble. Yo jamás me atrevería a hablarles así a mis padres.

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