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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 22

Magdalena no tenía idea de lo que estaba hablando.

Pero aun así, se sintió herida por su actitud fría y el desprecio en su pregunta.

Federico arrojó el objeto sin piedad al bote de basura frente a ella, para que lo viera por sí misma.

Manteniendo una fortaleza superficial, ella explicó:

—No lo compré yo.

Federico, claramente incrédulo, replicó:

—¿Entonces para qué me pediste que regresara?

Separarse, divorciarse, ir al Registro Civil para terminar con su matrimonio.

Una serie de palabras pasaron por la mente de Magdalena, pero abrió la boca y no supo qué responder.

Federico le entregó un cheque:

—No te reprocharé lo de ayer, pero no puede volver a pasar. Toma este cheque y busca la manera de calmar el escándalo en internet.

Magdalena tenía algo de hambre, pero ahora había perdido todo el apetito.

Se quedó de pie, erguida, sin prestarle atención al cheque de diez millones, y solo preguntó:

—¿Cómo calmo el escándalo?

Federico ni siquiera probó el desayuno, simplemente se puso su abrigo:

—En el futuro, no hagas comentarios a la ligera en internet que puedan causarle pérdidas a Anaís y a la empresa.

Al escuchar a este hombre, su propio esposo, defender con tanto fervor a otra mujer, Magdalena sintió como si le clavaran un cuchillo en el corazón.

Federico le tendió el cheque, pero ella mantuvo la espalda recta y no lo tomó.

Con los ojos calientes y húmedos, Magdalena se mordió la punta de la lengua con fuerza hasta que sintió el sabor a sangre.

Federico simplemente miró su reloj, se dio la vuelta y se fue.

Cuando la puerta se cerró, el viento tiró el cheque que había quedado sobre el mueble de la entrada.

Cayó hasta el polvo.

Magdalena caminó hacia la puerta, recogió el cheque, se puso en cuclillas en el suelo y dejó que las lágrimas fluyeran sin control.

Ya no quería seguir siendo tonta.

Quería tanto el dinero como su reputación.

Le tomó un buen rato reunir las fuerzas para hablar y llamar a Federico.

Pero la línea estaba ocupada todo el tiempo.

Cuando saltó el buzón de voz, dijo pausadamente:

—Acepto el dinero, pero esto no es para callarme, es una compensación por los daños a mi reputación. No voy a calmar ningún escándalo. Si quieres demandarme, estoy a tu disposición.

—No me digas que ni siquiera te has aprendido tus líneas.

Yolanda inclinó la cabeza, dudó un momento y luego preguntó, haciéndose la inocente:

—No es eso. Lo que quería preguntar es... la escena de la bofetada, ¿será real o fingida?

—Por supuesto que será real. En mis producciones, si se puede hacer de verdad, ¡nunca fingimos!

El director dijo esto y luego le preguntó a Magdalena:

—No tienes problema con eso, ¿verdad?

Magdalena no tuvo más remedio que aceptar. Además, como actriz, también prefería el realismo.

Una vez que todos estuvieron en sus posiciones, el claquetista gritó:

—¡Escena 46, cámara C, toma 1!

Magdalena se metió en el personaje al instante. Sus hermosos y luminosos rasgos se transformaron de inmediato en los de una belleza altiva y deslumbrante.

La hermosa mujer apartó la cortina de cuentas y preguntó con voz serena:

—¿Quién está haciendo escándalo ahí afuera?

Yolanda entró por la puerta y, con todas sus fuerzas, le dio una sonora bofetada en el hermoso rostro de Magdalena.

El golpe fue tan fuerte que incluso hizo volar una de las horquillas del peinado de Magdalena!

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