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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 23

Un dolor ardiente y punzante se extendió por uno de los lados de su rostro.

Magdalena sintió el sabor a sangre por el choque de sus dientes. Perdió el equilibrio, cayó directamente al suelo y tardó un buen rato en poder levantarse.

La brutalidad del golpe hizo que todos los presentes contuvieran la respiración.

El director aún no había gritado 'corte', evidentemente esperando que la toma saliera a la primera para que Magdalena no tuviera que ser golpeada otra vez.

Yolanda se acuclilló y dijo con una voz que solo ellas dos podían escuchar:

—Magdalena, la amante nunca le gana a la esposa. Si vuelves a meterte con la Directora Cárdenas, no te saldrá tan barato como una simple bofetada.

Magdalena apretó los labios. Tal como lo sospechaba, era Anaís moviendo los hilos.

El Director Campos, sentado frente al monitor, no sabía si Yolanda era tonta de verdad o solo lo fingía, y gritó:

—¡Dí tus líneas más fuerte! ¡El sonido es en vivo y no se escucha nada!

Yolanda se levantó de inmediato, con una expresión de disculpa e inocencia que no dejaba rastro de su arrogancia anterior.

Hizo una reverencia a modo de disculpa, con una actitud dócil:

—Perdón, perdón, director. Perdón, Magdalena. Tendré más cuidado en la siguiente. Empecemos de nuevo.

Un miembro del equipo le ofreció una bolsa de hielo a Magdalena:

—Magdalena, tu rostro... está rojo e hinchado.

Magdalena tocó la zona lastimada con su lengua y respondió:

—Gracias.

Pronto, el director llamó a la segunda toma.

Yolanda volvió a entrar de manera amenazante y le soltó otra bofetada.

Esta vez sí dijo su línea:

—¡Eres una cualquiera que solo sabe robar maridos!

El Director Campos volvió a detener la grabación:

—Yolanda, ¿alguna vez has recibido entrenamiento profesional? ¿No te das cuenta de que te saliste de encuadre? ¡Otra vez!

A estas alturas, todos se habían dado cuenta de que Yolanda solo intentaba humillar a Magdalena en nombre de su jefa.

En el set, algunos sentían lástima por Magdalena, otros disfrutaban el drama, y no faltaba quien tomara fotos a escondidas.

Yolanda forzó una lágrima:

—Lo siento mucho, director.

El rostro de Magdalena requería un poco más de hielo, y el equipo no se atrevía ni a respirar.

En los sets de grabación también hay una cadena de mando.

—¿Una cualquiera?

—La ciudad entera lleva sitiada tres días. Mientras ustedes, los nobles y poderosos, se esconden como cobardes, ¡todo lo que la gente come y bebe en medio del hambre proviene del grano que nosotras, las de la clase baja, compramos vendiendo nuestros cuerpos!

La dicción y actuación de Magdalena eran impecables, logrando arrastrar a su compañera a la dinámica de la escena.

Yolanda no quería equivocarse otra vez, pero estaba tan nerviosa que su mente se quedó en blanco. Solo se dejó llevar por la emoción y volvió a levantar la mano para pegarle.

Magdalena atrapó firmemente la muñeca de Yolanda.

Como el director aún no había gritado 'corte', el resto de la escena se convirtió en improvisación.

Qué decir o cómo actuar, todo estaba permitido siempre que encajara con los personajes.

Actuando como una profesional, Magdalena canalizó sus emociones al instante, esbozó una sonrisa perezosa y, con un movimiento mucho más rápido, certero y feroz, ¡le devolvió la bofetada a Yolanda!

Con un ruido seco, Yolanda salió proyectada hacia el marco de la puerta, ¡como si fuera una mosca aplastada!

Anaís había usado su inversión para obligarla a cambiar las líneas y poder insultarla.

Magdalena no se quedó de brazos cruzados y le pagó con la misma moneda.

—Tu marido no es más que un cobarde que juega a dos bandos. ¿Quién no sabe que eres una simple segunda esposa? Por culpa de un hombre asqueroso, dejaste morir a la mujer legítima y maltrataste al heredero. Ayer lo dejabas hacer lo que quería y hoy, que te falta dinero, ¿vienes a pedirme limosna?

Magdalena se abanicó suavemente con una sonrisa gélida:

—Alguien tan voluble como él podría intentar meterse en mi cama, ¡pero a mí me daría asco de lo sucio que está!

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