¿Acaso en el corazón de Magdalena él era solo un hombre egoísta y desquiciado que no medía las consecuencias?
En aquel entonces, Federico deseaba tanto mantenerla a su lado que no pretendía lastimarla.
Ahora que ella había vuelto...
—Quiero pedirte perdón. Lo siento.
—En la mansión, no era mi intención privarte de tu libertad. Lo que te dije entonces sigue en pie, Magdalena. Estoy realmente dispuesto a criar a la hija que tuviste con otro.
—Siempre y cuando tú...
Magdalena levantó la mano para detenerlo.
—No hace falta. Federico, a mi hija no la cría cualquiera, y no te creas que por tener dinero puedes hacer lo que te dé la gana.
Magdalena lo miró con total tranquilidad.
El rostro de Federico cambió; si hubiera sido antes, habría mostrado fastidio.
—Magdalena, soy tu marido, no un cualquiera.
Magdalena respondió inexpresiva:
—Exmarido.
El pecho de Federico subió y bajó abruptamente. Cerró los ojos.
—Así que, por favor, deja de acosarme.
¿Acosar?
¿Acaso venir a pedir disculpas por iniciativa propia era acoso para ella?
—¡Papá!
De repente, la voz de un niño sonó a sus espaldas.
Federico vio a Benjamín Suárez y no pudo evitar fruncir el ceño.
Magdalena también clavó la mirada en el niño.
Tenía ojos grandes con las comisuras ligeramente caídas, un rostro que por naturaleza inspiraba ternura.
Quizá por ser tan pequeño, no se le veía ningún rasgo de Federico; se parecía mucho más a Anaís Cárdenas.
Benjamín señaló a Magdalena con total falta de respeto.
—¡Quién es esta mujer!
—¿Acaso yo te enseñé a hablar así? —lo reprendió Federico.
Normalmente, Benjamín le temía mucho, pero esta vez no le importó.
Corrió directamente hacia Magdalena y le dio un empujón.
El niño no tenía mucha fuerza.
A Magdalena solo le dio asco, como si hubiera pisado un bicho.
—¡Tú fuiste la que sedujo a mi papá e hiciste que ya no le haga caso a mi mamá!
—¡Eres una mujer apestosa, una mala mujer, una rompehogares!
—¡Mi mamá y mi papá son una familia, tú eres la mala!
—¡Te voy a matar, te voy a matar a golpes!
Federico gritó enfurecido:
—¡Cállate la boca! ¡Di una palabra más y no volverás a pisar la empresa nunca!

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