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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 266

Después de salir del kínder, Magdalena llevó a Dora al hospital para que le hicieran un certificado médico de las lesiones.

Al día siguiente se levantó muy temprano y le preparó unos deliciosos sándwiches calientes y un licuado de papaya y naranja.

Ver a su hija comer con tantas ganas, balanceando las piernitas de alegría, le derritió el corazón.

—Límpiate la boca, si dejas que el licuado se seque, ¡Dora tendrá un bigotito naranja!

Dora sonrió de oreja a oreja y estiró los labios para mostrarle el bigotito a su mamá.

Desde el día anterior, Magdalena estaba llena de rabia y tristeza, pero no lo demostró delante de su hija.

Al llegar al kínder, llevó a Dora directamente a la oficina de la maestra.

La maestra titular parecía estar en una situación muy incómoda:

—Mamá de Dora, entiendo perfectamente que quieras hablar con el padre de Benjamín, pero es un hombre muy ocupado. Lo hemos citado varias veces y siempre manda a su secretario. ¡Ni siquiera nosotras tenemos el número personal del señor!

Magdalena sonrió fríamente por dentro, pero mantuvo un tono amable.

Al fin y al cabo, su hija tendría que seguir yendo a clases ahí todos los días, y no le convenía ganarse la enemistad del personal.

—Entonces, ¿podría ver primero los videos de las cámaras de seguridad?

Como la niña había sido lastimada dentro de las instalaciones, la maestra no tuvo cómo negarse.

Magdalena fue al cuarto de seguridad y, al reproducir los videos, sacó su celular y grabó el momento en que Benjamín arrebataba los juguetes y los incidentes en los que había agredido a otros niños.

La maestra intentó llamar al secretario del papá de Benjamín.

Para sorpresa de todos, el hombre de negocios, que siempre delegaba la crianza de su hijo y nunca tenía tiempo, se presentó en el kínder en persona.

Cuando Magdalena regresó a la oficina de la maestra, vio a Federico de pie, junto a su hijo, el mismo que no se tentaba el corazón para abusar de otros.

El objetivo principal de Federico al cambiar a Benjamín de kínder era darle una educación más normal y, en segundo lugar, buscar excusas para cruzarse con Magdalena.

Solo que no esperaba que el niño causara problemas tan rápido.

La maestra explicó toda la situación.

Benjamín, fingiendo ser un angelito, se paró al lado de Federico, pero en cuanto su papá apartaba la vista, levantaba la barbilla y miraba a Dora y a Magdalena con los ojos llenos de desprecio y arrogancia.

—La mamá de Dora no acepta que esto se resuelva solo con una disculpa entre los niños.

Benjamín murmuró por lo bajo:

Al escuchar esto, no solo Federico y su hijo cambiaron de expresión, sino también la maestra.

Magdalena, dándose cuenta, le habló a la maestra con tono suave.

—No se preocupe. El dinero que el padre de Benjamín dona al kínder cada año, yo lo donaré de forma anónima. En cuanto a las clases de francés y equitación, yo misma puedo contratar a los instructores para no meterla en problemas.

¿Acaso todo era por dinero?

Ella también lo tenía de sobra.

—Y no solo cubriré los recursos para el grupo de Dora, sino que patrocinaré los de todos los grupos y las futuras clases especiales del kínder.

A la maestra le brillaron los ojos al escucharla.

Federico Suárez tendría mucho dinero, pero ese dinero era asunto suyo.

En igualdad de condiciones, era preferible lidiar con una mamá comprensiva y una niña adorable que con un pequeño bravucón y su padre prepotente.

La maestra agregó:

—En realidad, de acuerdo con el reglamento del kínder, el comportamiento de Benjamín ciertamente... amerita la expulsión.

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