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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 48

Lo primero que cruzó por su mente no fue por qué Magdalena quería romper su contrato.

Sino, si Orizon apenas había definido su estrategia, ¿cómo diablos se había enterado ella?

Si la compra se concretaba, él mismo iba a dirigir la filial durante un buen tiempo.

Visto así, Magdalena estaba dispuesta a todo con tal de estar cerca de él.

Lástima que era un esfuerzo inútil.

Él no necesitaba empleaditas sumisas; buscaba mujeres corporativas, con visión para los negocios, como Anaís.

Buscando regocijarse en el dolor ajeno, Julián le preguntó:

—¿Qué pasó? ¿Te duele dejarla ir?

Federico fingió desinterés:

—Me da igual.

—¡Eso, así se habla! —Julián movió su dedo índice borracho— Ya verás, pronto estarás brindando por mi boda con Magdalena.

Federico soltó una carcajada seca y breve:

—Ajá.

Magdalena era su esposa.

El infeliz jamás tendría la oportunidad de ir a esa boda.

Además, Julián no tenía idea de cuánto se esmeraba Magdalena por complacerlo.

No solo hacía todo para entrar a la empresa, sino que manejaba la casa a la perfección.

Y, sobre todo, adoraba a su abuela.

Con eso le bastaba.

El día en que le dieron el alta médica a Elvira, Federico le encargó a Sergio que le avisara a Magdalena.

—Señora, el Señor Suárez dice que pasará a recogerla mañana a las dos para ir al hospital. Por cierto, ¿cree que podría desbloquear mi contacto? Solo por cuestiones de trabajo, ¿sí?

Acompañó el texto con el emoji de una sonrisa.

Magdalena no dudó en bloquear también su número de celular.

Poco después, fue el propio Federico quien llamó.

A Magdalena ya no le emocionaba que él le marcara.

De hecho, no tenía ganas de contestarle.

Pero recordando que Elvira saldría del hospital, tomó la llamada:

—Bueno.

—Mañana a las dos de la tarde en la mansión —dijo Federico.

Antes, Magdalena habría aceptado emocionada y se habría arreglado desde temprano.

Pero ahora, no quería verlo más de lo estrictamente necesario.

—No hace falta, yo llego por mi cuenta. Nos vemos a las tres en la entrada del hospital.

Federico no se opuso; le pareció más práctico.

Solo le advirtió:

—No llegues tarde, sabes que detesto esperar.

Magdalena no le contestó y simplemente apagó la pantalla del celular.

Obvio que sabía que él odiaba esperar.

Capítulo 48 1

Capítulo 48 2

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