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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 62

No hacía falta que Magdalena se lo recordara, el secretario Yáñez ya lo había hecho.

Afortunadamente, la marca también estaba en el distrito financiero, no muy lejos de la sede de Orizon.

Cuando Magdalena llegó, un grupo de personas estaba amontonado en la oficina del presidente.

Entre ellos había altos ejecutivos de relaciones públicas y administración, además de varios empleados de la secretaría.

Para su asombro, estaban allí parados, discutiendo planes de relaciones públicas como si nada.

Magdalena sentía una mezcla de ansiedad y furia.

¡Una reacción alérgica no era un juego, podía costarle la vida!

En ese momento, no tuvo tiempo de pensar en sus problemas sentimentales con Federico; se abrió paso entre la multitud con pasos firmes.

Se agachó y aflojó rápidamente la corbata y el cinturón de Federico para asegurar que pudiera respirar.

Luego, sin importarle que llevaba una falda corta, se sentó directamente en el suelo y le levantó las piernas para mantener el flujo de sangre hacia el cerebro.

Solo entonces miró al secretario Yáñez:

—¿Qué demonios pasó?

Magdalena había acompañado a Federico a suficientes eventos importantes como para no dejarse intimidar por esos altos ejecutivos.

Tenía tanta presencia que intimidó a todos en un instante.

Los directivos se miraron entre sí, desconcertados.

¿Quién era esa mujer?

¿A qué venía?

El secretario Yáñez no explicó su identidad; dada la emergencia, fue directo al grano:

—Ya llamé a emergencias. Hace un momento, el señor Suárez aún estaba consciente y me ordenó que no llamara al equipo médico del edificio.

Magdalena lo entendió sin tener que pensarlo demasiado.

Faltaba poco para la hora de salida; si los empleados se enteraban de que el presidente se había desmayado, empezarían a correr todo tipo de rumores.

Incluso si Federico se recuperaba, las acciones de Orizon caerían en picada a la mañana siguiente.

Magdalena sintió una punzada de tristeza y dolor.

Él era tan despiadado consigo mismo como lo era con los demás.

Pero no era el momento para lamentaciones.

Magdalena ordenó con frialdad:

—Secretario Yáñez, asigne a dos personas de la secretaría para que esperen la ambulancia en la entrada y los guíen a la parte trasera del edificio administrativo. Avise a los guardias para que abran el acceso directo. El señor Suárez bajará por el ascensor privado.

El secretario asintió.

Ese había sido su plan original, pero debido a los protocolos de la empresa, había tenido que reunir primero a los departamentos de contingencia.

¡Quién iba a decir que esos ejecutivos solo servirían de estorbo!

En medio del caos, el secretario Yáñez miró a Magdalena.

Estaba sentada en el suelo, sosteniendo suavemente la mano de Federico, sin una pizca de pánico en el rostro.

Solo por esa asombrosa compostura, era digna de ser la esposa del presidente de Orizon.

Capítulo 62 1

Capítulo 62 2

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