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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 63

Aturdido, recordó la silueta que había visto antes de desmayarse.

—¿Fuiste tú quien estuvo a mi lado todo el tiempo?

Anaís tenía los ojos enrojecidos, como si hubiera llorado a mares:

—Sí, Federico, me diste el susto de mi vida.

La voz de Federico aún sonaba áspera:

—Y en la empresa...

—No te preocupes por la empresa. Te bajaron en tu ascensor privado directo a la ambulancia; salvo un par de ejecutivos, nadie más se enteró.

Federico suspiró aliviado, esbozando una sonrisa demacrada pero agradecida:

—Gracias, el secretario Yáñez y tú manejaron todo a la perfección.

El secretario Yáñez, que justo llegaba a la puerta, escuchó aquello.

Frunció el ceño con disgusto.

En el momento crítico, quien había tomado el control y estabilizado a Orizon había sido la señora Suárez.

—Señor Suárez, la señora...

Anaís intervino apresurada:

—Magdalena llamó hace un rato. Ella y tu abuela ya saben que estás fuera de peligro, no te preocupes.

Federico asintió:

—Excelente. Gracias, Anaís.

El secretario Yáñez abrió la boca, pero decidió no decir nada más.

Al fin y al cabo, él solo era un empleado.

Si la señora realmente insistía en divorciarse, esa señorita Cárdenas sería la futura dueña de la empresa.

Suspiró en silencio.

Era una lástima. La señora era una mujer excepcional y no merecía un final así con el señor Suárez.

Al día siguiente, Magdalena acompañó a la abuela a visitar a Federico.

Al entrar, vieron a Anaís de puntillas, anudándole la corbata a Federico.

Doña Elvira los observó con desdén:

—Parece que llegamos en mal momento.

La tensión inundó la habitación.

Anaís saludó con una sonrisa ensayada:

—Doña Elvira, qué bueno que llegó.

Recogió su abrigo y el de Federico que estaban sobre el sofá:

—Tome asiento, por favor.

Actuaba como si fuera la señora de la casa.

Al verla, la sangre de doña Elvira hirvió de indignación:

—Así es. Lamento las molestias, señorita Cárdenas, Magda y yo estamos muy agradecidas. Sin embargo, ahora que su familia está aquí, puede irse a descansar a su casa.

Sus palabras fueron corteses, pero afiladas.

Anaís entendió perfectamente que la anciana estaba marcando territorio, dejándole claro que ellas eran la familia y ella no era más que una intrusa.

Normalmente, Federico no le llevaba la contraria a su abuela.

Capítulo 63 1

Capítulo 63 2

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