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Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 56

Capítulo 56

Luego se volvió hacia Rebeca y, con cuidado, la ayudó a ponerse de pie.

—Vamos a tu habitación —le dijo—, necesitas descansar.

Ella me lanzó una mirada cargada de odio mientras avanzaba, pegada a él... yo le devolví una sonrisa pequeña, medida, de esas que duelen más que un insulto.

Cuando desaparecieron por el pasillo y la puerta se cerró, me giré hacia los dos y me crucé de brazos.

Nicolás estaba rojo de la cólera... Catalina tenía la cara mojada y apretaba el peluche hasta casi romperlo, los dos me miraban con el mismo desprecio.

—No te vamos a hacer caso —escupió Nicolás—. La única que manda es Rebeca, siempre ha sido así y siempre será así... ni papá te quiere.

Sentí la sangre hervirme, pero esta vez no la iba a desperdiciar en gritos.

—A ver —dije despacio—, parece que se les olvidó algo importante.

Los miré a los dos.

—Yo soy la que firma sus autorizaciones del colegio, sus permisos para excursiones, sus entradas al club, sus clases de todo —continué—.

¿No lo sabían?

Nicolás apretó la mandíbula.

—Rebeca siempre nos lleva al club —soltó—, no te necesitamos.

Sonreí, sin humor.

—Sí, ella los lleva... pero la dueña de los clubes soy yo —rematé—. El apellido que figura en los papeles es el de su padre y el mío, no el de ella.

Di un paso más cercа.

—Soy su madre —recalqué—. Nueve meses exactos aquí —señalé mi cuerpo—, con vómitos, mareos y dolor... así que se comportan y me obedecen si no quieren que llame y les cierre el pase a todo.

Catalina abrió los ojos, asustada.

—No puedes hacer eso —dijo—, Rebeca nos dejará entrar... papá también.

Solté una risita corta.

—La niñera puede acompañarlos —respondí—, pero no puede autorizar nada que yo no firme.

Rebeca es una niñera y está con ustedes por un sueldo... que la adoren no le da poder legal sobre ustedes.

Nicolás me fulminó con la mirada.

—¡Rebeca no es una niñera! —rugió—, ella sí nos quiere.

—Les cuento otra cosa, ya que estamos sincerándonos —seguí, como si no lo hubiera oído —... todo esto —señalé el techo, el piso, la casa entera—, la empresa, los carros, los clubes... todo será suyo algún día, lo saben, ¿verdad?... pero si siguen comportándose así, voy a convencer a su padre de que donemos todo... todo... y que ustedes empiecen desde cero, como cualquier niño normal.

Se miraron entre ellos, nerviosos.

—Igual vamos a poder —murmuró Nicolás, terco —, no somos unos buenos para nada como tú.

—Eso dicen ahora —alcé las cejas—... de hambre no se mueren, claro, pero el mundo no es tan amable como esta casa... y otra cosa —me incliné un poco hacia él—, si se te ocurre tirarme algo más, voy a hablar con tu padre para que te envíe a un reclusorio.

Abrió los ojos de golpe.

—¿Qué es eso? —preguntó Catalina, apretando el peluche.

—Un centro de rehabilitación para niños malcriados, desobedientes y berrinchudos como ustedes —expliqué con calma—... ahí no hay juegos, no hay comida deliciosa, no hay tele, no hay clubes... solo reglas y castigos para niños inaguantables.

—Papá nunca me mandaría ahí —se defendió Nicolás—, Rebeca jamás lo permitirá.

Solté una risita suave.

—Rebeca no tiene poder sobre niños que no son suyos —respondí—... ustedes son mis hijos y, les guste o no, se hará lo que yo diga... esta es la segunda vez que pasa algo así y su padre ya lo vio.

Les sostuve la mirada.

—Si le hago ver que ustedes son una espina para sus negocios... no va a dudar mucho en mandarlos a corregirse un tiempo.

Se quedaron en silencio, tragando duro... la puerta del cuarto de Rebeca se abrió y Martín apareció en el pasillo, los niños se giraron en un segundo.

—¡Papá! —gritó Nicolás—, ella quiere mandarnos a un reclusorio y tampoco nos quiere dejar entrar a los clubes, dice que va a cerrar todo...

Capítulo 56 1

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