Capítulo 58
Martín exhalo, se notaba que estaba exhausto de sus escandalos y eso que era solo el inicio
—¿Qué estás diciendo ahora? —soltó Ella se giró hacia él con los ojos llenos de rabia
—Que todo esto lo armó ella —escupió— habló con ellos, sí, pero para hacerme quedar peor, para que yo parezca la loca y ella la salvadora, hasta estoy segura de que mandó a Nicolás a tirarme el agua encima, está fingiendo, Martín, ella misma me lo dijo!!
Hora de actuar —¿Estás escuchándote? —pregunté con la voz temblándome de indignación— Rebeca, ¿cómo puedes pensar eso?
¿Cómo puedes creer que yo mandaría a mi propio hijo a tirarte agua hirviendo?
—Él mismo dijo que era para mí —seguí— ¿ya se te olvidó? Aun así ya lo castigué, porque no es la primera vez que tira algo, pero no te culpé a ti por eso, y ahora vienes a decir que yo lo mandé como si fuera un sicario
Ella apretó los dientes
—Maldita —siseó— estoy segura de que hiciste algo para culparme, para hacerme quedar mal, justo para quemarme y que no vaya con Martín
—¿Cómo puedes pensar eso?
—solté— encima traté de convencer a Camila de que no te denunciara, escuché todas las cosas que quería hacer contigo y aun así le pedí que no metieran abogados, que no valía la pena destruirte la vida por un impulso, y tú dices que lo planeé Rebeca estaba echando humo por las orejas...Y Martín al parecer estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba
—Ya es suficiente —dijo seco— deja de hacer escándalo otra vez
Ella lo miró sin poder creerlo —¿La estás defendiendo a ella? —murmuró—,
¿a ella?!!
Él la sostuvo la mirada ya cansado —Deberías agradecerle —respondió—.
Porque si no fuera por ella, hoy estarías declarando frente a un juez!!...Asi que quédate en casa y descansa. No
voy a discutir esto más.
Rebeca abrió la boca, pero no le salió nada,solo respiraba agitada viendo como el se dirige hacia mi —Vámonos —dijo.
Me ofreció el brazo y lo tomé.
Mientras caminábamos hacia la puerta, volteé un segundo....
Rebeca estaba de pie en medio de la sala, en pijama, con el brazo vendado, los puños apretados, la cara desfigurada entre la rabia y el dolor...
Momento perfecto para regalarle una sonrisa triunfante Ella apretó más los dedos sobre la gasa, como si así pudiera contener todo lo que quería gritar.
Subí al auto y me quedé en silencio....Martín revisaba su celular, el gesto serio, concentrado en mil cosas a la vez...
El chofer arrancó y dio marcha Despacio, saqué mi celular y sin que el lo viera, entre a ver las camaras de la casa...
En la pantalla, Rebeca seguía desquitándose con todos,gritaba, señalaba, hacía su drama.
Y ahí estaba Roberto, demasiado cerca, sosteniéndole el brazo, cambiándole el vendaje con una familiaridad que no era para nada profesional y ella se dejaba.
Se veía... íntimo.
Demasiado, para mi gusto Sonreí por dentro, justo lo que necesitaba...
Otra pieza.
—¿Qué miras? —preguntó Martín, sin levantar la vista.
Guardé rapidamente el teléfono.
—Nada... —murmuré— Rebeca quedó muy alterada —añadí—. Ojalá no se desquite con los empleados...
ya bastante presión tienen.
—Siempre exagera —Sí... —respondí, suave—. Y hay gente que se aprovecha cuando alguien está asi y mas sola Giró la cabeza un poco hacia mí.
4/ —¿A qué te refieres?
Negué con la cabeza, como si me arrepintiera de haber hablado.
—Nada —sonreí leve—. Solo digo que, cuando no estás, algunos se sienten con demasiada confianza.
Silencio se dio y listo..... la semilla ya se planto El trayecto continuo, me dedique a ver las luces de la ciudad que se reflejaban en la ventana pero sentía su mirada.
—Te queda bien el vestido —dijo de pronto.
Lo miré.
—¿Te gusta? —pregunté, fingiendo timidez.
El asintió aun viendo mi cuerpo con seriedad —Sí... aunque no es tu color.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Yo tomaré tu lugar