CAPÍTULO 101. Una sensación de peligro
La última ambulancia desapareció entre el sonido de las sirenas, dejando detrás un silencio extraño, pesado, como si el edificio entero estuviera conteniendo la respiración después del caos. Los agentes de policía seguían acordonando la zona mientras los peritos comenzaban a entrar al departamento, pero Jordan apenas era consciente de lo que ocurría a su alrededor. Permanecía inmóvil, mirando la puerta abierta, todavía con el eco del disparo resonándole en los oídos.
Katerina respiró profundamente, tratando de recuperar la calma, cuando de repente esa sensación incómoda de que estaba olvidando algo la hizo detenerse. Frunció el ceño, miró alrededor y luego apretó la mano de su ex esposo.
—Jordan... ¿dónde está Byron? —preguntó y él tardó unos segundos en reaccionar.
—¿Byron?
—Sí. No lo he visto desde que llegué.
Jordan parpadeó varias veces, como si aquella pregunta acabara de sacarlo de un trance.
—No lo sé… —Su voz sonó insegura—. Quedamos en vernos aquí para ver si mi padre seguía en el departamento... ya debería haber llegado.
Katerina sintió un escalofrío y negó lentamente con la cabeza.
—Más bien creo que llegó antes que tú. Jordan… mi tío Kolya rastreó los teléfonos antes de que viniéramos, y el teléfono de Byron también aparecía aquí.
El color desapareció completamente del rostro de Jordan. Durante un segundo ninguno de los dos dijo nada y entonces ambos reaccionaron.
—¡Byron! —Jordan empezó a abrir una habitación tras otra tan rápido como su cojera se lo permitía—. ¡Byron!
En ese momento Angel llegaba acompañado de un desconocido, pero no se detuvo cuando vio la urgencia.
—¡Registren toda la casa! —les dijo Katerina y ellos se lanzaron también a abrir puertas.
Dormitorio principal. Despacho. Cocina. Baños. Nada. Jordan llegó al cuarto de invitados para ver completamente revuelto y por un segundo dejó de respirar.
—¿Byron?
Entonces escuchó un sonido, un quejido casi imperceptible que lo hizo girar la cabeza.
Un gemido débil provenía del otro lado de la cama, y Jordan rodeó el colchón, sintiendo que la pesadilla todavía no había comenzado.
—¡No...!
Byron estaba tirado en el suelo. Había sido arrastrado torpemente hasta quedar oculto detrás de la cama, y su camisa estaba completamente empapada de sangre. Una mano seguía presionando inútilmente el costado del abdomen y respiraba con dificultad.
Jordan cayó de rodillas junto a él.
—¡Byron!
Su primo abrió apenas los ojos.
—Llegaste...
—No hables. Ya viene la ayuda.
Y Jordan estaba seguro de eso porque Ángel ya estaba gritando hacia el pasillo.
—¡Necesitamos otra ambulancia! ¡Ahora!
Uno de los policías llegó corriendo y alzó inmediatamente su radio.
—¡Herido por arma de fuego! ¡Repito, herido por arma de fuego! ¡Envíen otra unidad médica inmediatamente!
Katerina llegó corriendo y al ver toda aquella sangre sintió que el estómago se le revolvía.
—Necesitas algo para hacer presión —murmuró poniéndose pálida y Ángel arrancó una sábana de la cama.
Jordan la dobló rápidamente y la presionó sobre la herida y Byron soltó un gemido ahogado.
—Lo siento...
Las sirenas volvieron a escucharse apenas unos minutos después y los paramédicos irrumpieron en la habitación con el equipo de emergencias.
—¡Apártense!
Jordan retrocedió solo cuando fue absolutamente necesario; observó cómo colocaban vías intravenosas, controlaban el pulso y sustituían la presión improvisada por vendajes profesionales.
—Presión setenta sobre cuarenta.


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