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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 77

CAPÍTULO 77. Preso en su propio cuerpo

El trayecto de regreso a la mansión Orlenko transcurrió casi en completo silencio. Ángel mantenía las manos sobre el volante mientras recorría las calles todavía oscuras, y nadie parecía tener energía para hablar después de lo que habían hecho. Byron permanecía con los brazos cruzados en el asiento trasero, mirando de reojo a Giulia, que apoyaba la cabeza contra la ventanilla.

—La casa ya está cableada —murmuró Angel cuando estacionaron frente a la mansión y Katerina asintió despacio—. Dormitorio, sala, despacho, comedor y pasillos. Lo conecté todo a un sistema de sonido independiente. Si hablan cerca de cualquiera de las cámaras, podremos escucharlo.

—Está bien, el tío Kolya se encargará de asegurar las grabaciones a partir de ahora. Vamos a descansar un poco.

Y nadie se opuso a eso, porque ahora sabían que gracias al hackeo del sistema de seguridad, alguien estaría siempre vigilándolo.

Katerina entró en su habitación, se cambió de ropa con movimientos lentos y terminó acostándose boca arriba sobre la cama. Se quedó mirando el techo blanco mientras el pequeño auricular descansaba en su oído. Durante largos minutos solo escuchó silencio, entonces apareció una respiración, lenta, irregular: Jordan.

“¿Kat...?” susurró él muy despacio y ella cerró los ojos.

—Aquí estoy.

Del otro lado hubo un largo silencio.

“Pensé... que ya estarías dormida”.

—Podría decir lo mismo.

Él dejó escapar una pequeña risa que terminó convirtiéndose en un suspiro.

“No puedo dormir demasiado”.

Katerina giró apenas la cabeza sobre la almohada.

—¿Te duele algo?

“No”. Otra pausa. “Eso es lo peor… No imaginé nunca lo que significaba estar preso dentro de tu propio cuerpo.

Aquellas palabras hicieron que a Kat se le encogiera el pecho, pero Jordan continuó hablando muy despacio.

“Siempre vi a mi padre sentado... inmóvil... necesitándolo todo... pero jamás entendí realmente lo que estaba viviendo”. Su respiración tembló. “Ahora sí”.

Katerina dejó escapar un suspiro pesado.

“No poder levantarte cuando quieres... no poder mover las piernas... sentir miedo incluso de dormir porque no sabes cómo despertarás... No tenía idea”.

—Supongo que ninguno de nosotros tenía idea —murmuró Kat.

“Pero tú estuviste a su lado en el último año…. Y yo fui injusto con él muchas veces”.

—Jordan...

“Lo dejé solo” gruñó entre dientes. “Lo dejé demasiadas veces con mi madre y con Angela. Pensé que ellas lo cuidaban, pero… ¿y si solo estaban haciéndole lo mismo que a mí?”

—No lo creo —respondió Kat y no solo por tranquilizarlo—. Tu padre tenía libertad de comunicación, incluso su propio teléfono y los accesos suficientes a la empresa como para darse cuenta de que Angela la estaba desfalcando.

“Eso es cierto, pero… de cualquier forma debí ver lo que mi madre y Angela eran”.

Ella negó aunque él no pudiera verla.

—No. Los manipuladores sobreviven precisamente porque saben ocultar lo que hacen.

Jordan permaneció callado. Después habló casi en un murmullo.

“Tengo miedo de convertirme en una carga.”.

—Irónico, no consideras a tu ceguera emocional una limitación, pero sí a tus piernas —rezongó ella.

“Qué cruel eres cuando quieres”.

Volvió el silencio, solo que esta vez no resultó incómodo. Solo permanecieron escuchando la respiración del otro, hasta que poco a poco las pausas comenzaron a hacerse más largas. Las voces desaparecieron, y cuando el amanecer comenzaba a colorear el horizonte, ambos terminaron quedándose dormidos con el comunicador todavía abierto.

Jordan despertó varias horas después al escuchar unos golpes suaves sobre la puerta. Una empleada entró empujando una bandeja con el desayuno y la colocó frente a él. Jordan observó los huevos, las tostadas, la fruta y el café; y frunció ligeramente el ceño.

—¿Tengo que comerme todo eso?

La mujer sonrió con amabilidad.

—Claro. Es para que se ponga fuerte.

—Respirar... se siente pesado, como si hubiera corrido muchísimo.

Su respiración era lenta, como si solo intentarlo lo agotara. Finalmente Jordan movió una mano y sus dedos presionaron la piel de la cadera.

—No siento esto —gruñó con cansancio, hundiendo los dedos en su piel—. Supongo que la parálisis está subiendo, ¿no?

Katerina cerró lentamente los ojos, porque cada dato confirmaba lo que ya sospechaba.

“Sí, eso es lo que significa”.

Durante los dos días siguientes la situación apenas cambió. Jordan continuó débil, dormía demasiadas horas, respiraba con esfuerzo, y cada mañana Jasmine y Angela aparecían con nuevos documentos.

—Firma.

Jordan levantaba el bolígrafo, esperaba, y entonces escuchaba la voz de Katerina.

“Con otro nombre”.

Él sonreía apenas y escribía con enorme lentitud: Jerónimo Blackwood.

—¡¿Qué demonios es esto?! — Angela golpeó la mesa y Jordan la miró con aparente inocencia.

—¿No era para firmar?

Y cuando le pusieron delante la siguiente impresión del documento, volvió a firmar, esta vez como Jeremy Blackwood.

—¡Firma tu nombre! —Angela lanzó los papeles al suelo y Jordan observó tranquilamente el bolígrafo.

—No puedo… soy mentalmente incompetente. ¿Recuerdas?

Jasmine apretaba los labios intentando contener la furia, pero finalmente llegó la mañana de la junta extraordinaria de Blackwood Holdings. Toda la casa comenzó a moverse desde muy temprano. Abogados. Asistentes. Conductores. Seguridad. Jasmine quería que todo pareciera bajo control, y desde la mansión Orlenko, Katerina observó cada pantalla durante varios minutos.

Después tomó un teléfono diferente, desechable, que había tenido muy bien guardado hasta ese momento, y marcó el número que tenía hasta que le contestaron.

—Espero que estés listo —murmuró—. Ya es hora.

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