—¿Ronan Torres?
Fermín sintió que el nombre le sonaba de algo, como si lo hubiera escuchado antes.
Ernesto le recordó del otro lado de la línea:
—Es el presidente de UME, con quien usted quiere invertir y colaborar.
Fermín arrugó la frente con desconfianza.
—¿Será sólo un caso de nombres iguales?
Ernesto negó de inmediato.
—No, es el señor Torres en persona.
Fermín formó un puño con los dedos, apoyándolo suavemente en la barbilla, y entrecerró los ojos con seriedad.
¿El mismísimo Ronan?
Incluso Sabrina Gómez no había logrado reunirse con ese tipo.
¿Cómo era posible que Macarena anduviera con él?
Tal vez adivinando su confusión, Ernesto agregó desde el teléfono:
—Descubrí que Ronan tiene una hermana, Lea, que antes era la mejor amiga de la señorita Molina. En esa época, la señorita Molina también tenía una relación bastante cercana con la familia Torres.
—Pero hace cinco años, Dante, el próximo jefe de la familia Oliva, decidió comprometerse con Lea. Ella no aceptó y prefirió huir de la boda, se fue de Rivella y desde entonces no se sabe nada de ella. A partir de ese momento, la señorita Molina y la familia Torres dejaron de tener contacto.
Escuchando a Ernesto, las dudas de Fermín empezaron a disiparse.
Recordaba haber oído que Macarena tenía una muy buena amiga, pero nunca supo el nombre.
Ernesto continuó:
—Señor Gómez, ¿no cree que la señorita Molina ya se enteró de que usted quiere colaborar con UME y por eso se acercó a Ronan? Tal vez está tratando de conseguirle una oportunidad.
No era la primera vez que pasaba algo así.
En el pasado, Macarena se había esmerado en agradar a Fermín, investigando en secreto los problemas que él enfrentaba en el Grupo Gómez y buscando la forma de ayudarlo en lo que podía.
Lástima que Fermín odiaba que alguien metiera las manos en sus asuntos sin pedirle permiso.
Como era de esperarse, al escuchar eso, Fermín frunció las cejas con fastidio y soltó una risita de desdén.
—Le encanta meterse donde no la llaman.
¿Desde cuándo necesitaba que una mujer le resolviera los problemas?
Ernesto intentó calmarlo, bajando la voz:
—Señor Gómez, al fin de cuentas la señorita Molina lo hace de buena fe, no se moleste. Pero últimamente se le ha visto muy cercana a ese hombre, ¿no cree que debería prestarle atención a eso...?
Fermín lo interrumpió de inmediato, adivinando hacia dónde iba.



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